Para mi país de ilotas

Cuestionamientos alrededor de las violencias laborales

Ilota. m. y f. Persona que se halla o se considera desposeída de los derechos de ciudadano.
«La aspiración revolucionaria no tiene sino un problema concebible, siempre: el discurso del amo […] Como revolucionarios, ustedes aspiran a un amo. Y lo tendrán… porque son los ilotas de este régimen.»
— Lacan, 1969

¿Será acaso que cuando les autonombrados hijos de comunismos y exilios asuman sus duelos y defiendan lo público, como el mayor bien de una nación, mi país de ilotas sanará?

¿O cuando defiendan a la clase trabajadora, hagan suya su lucha, y por tanto señalen y subsanen los adeudos históricos del Estado, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando comiencen a enarbolar el derecho a la salud y el derecho de nombrar trabajador a todo trabajador, sin los eufemismos “colaborador” o freelance, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los altos funcionarios dejen de crear y ver guerras en todo intento de diálogo y defensa de derechos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando esos funcionarios sean obligados a vivir con seguros de desempleo de 1500 pesos al mes para pagar servicios básicos, incluida una renta y alimentación, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los funcionarios dejen de sustituir derechos universales con paquetes de salud con nombres como “Fama y salud” y “Comienza tu éxito”, para hacer negocios personales, apoyados por un Estado omiso y mercader, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los trabajadores de un Estado sean pagados a tiempo, cuando el Estado obligue a todo empleador a pagar a tiempo, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando el SAT defienda a los creadores, eximidos del IVA por su actividad, frente a los empleadores que nos obligan a entregárselos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando las burocracias sean transparentes y comiencen por responder correos y solicitudes, porque asumirán que el tiempo de los otros es el tiempo del público-ciudadano (y el respeto al derecho ajeno), mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los movimientos de trabajadores dejen de alabar a funcionarios –trasnochados amos– que los han agredido en el pasado, mi país de ilotas sanará?

¿O cuando artistas/creadores comiencen a entenderse a sí mismos como trabajadores, al igual que el capital humano detrás de ellos?

Repitamos: trabajador/a, soy trabajador/a.

¿Será acaso que cuando podamos establecer axiomas entre trabajadores culturales, burócratas, artistas, sindicalizados y “prestadores de servicios”, que incluyan una prensa ética, mi país de ilotas sanará? Axiomas a partir de un lenguaje que no descalifique ni menosprecie a quienes denuncian. Axiomas de la cooperación.

Me solidarizaré con mis colegas y no los llamaré soberbios o conflictivos sólo por la exigencia de que sus derechos, que son también míos, sean respetados.

Yo, colega con visibilidad pública, acompañaré a mis otros, otras, otres colegas, en la denuncia de sus justas exigencias.

Etc.

¿Será acaso que cuando dejemos de pensar en que seremos incluidos en listas negras por alzar la voz, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los burócratas de medios mandos dejen de generar listas negras, hostigar y coercionar a los trabajadores, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando reparemos en el Olvido, mi país de ilotas sanará? Olvido, con O. El Olvido que, como escribió Todorov, generan verdugos que se arrogan “el derecho de controlar la selección de elementos que deben ser conservados”.

¿Será acaso que cuando funcionarios dejen de presentarse como “zapatistas, feministas, horizontales, amigues” y asuman la lucha de las clases trabajadoras, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando sororidad signifique no guardar silencio frente al oprobio, hasta la ignominia, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando sororidad sea compañerismo y lealtad, no usar a los otros para fines personales, codiciosos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando creadores y audiencias se cuestionen por qué consumen medios que abiertamente violan derechos laborales y de expresión, sin condicionar su consumo a que estos reviren o corrijan sus abusos y omisiones, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando se incentive y fortalezca la organización de una sociedad civil, que demande y vele por sus derechos, mi país sanará porque los ilotas romperán sus cadenas y dejarán solos a sus amos?

Hoy la disidencia es asumirse sociedad civil.

Estos son algunos cuestionamientos que durante la antropausa 2020 pienso, aunque comenzaron a visibilizarse desde diciembre 2018, a partir del fracaso administrativo en las políticas laborales, con las retenciones salariales y de contratación de los trabajadores de cultura de todo el país, sin rendición de cuentas.[1]

Desde la entrada de la actual administración, muchos argumentos fueron expresados por los titulares: la corrupción previa, la desaparición de recursos,[2] hasta el planteamiento arquetípico de una lucha entre buenos y malos que no querían pagar impuestos y ocasionaban la falta de dinero en la Ciudad, etc., pero siempre en agradecimiento al “ponerse la camiseta” de los trabajadores, sin reformar la estructura ni reparar los daños.

Son de conocimiento público las protestas, en 2019, de movimientos de trabajadores y sus demandas frente a Bellas Artes (marzo) y Palacio Nacional (diciembre), por citar sólo algunas, pero la cohesión entre estos ha sido compleja. A nivel nacional ha tenido impacto, pero en el local ha sido menor.

El 15 de febrero de 2020 se llevó a cabo el Primer parlamento cultural de la CDMX, donde medianamente se expusieron las violencias laborales ejercidas por la Secretaría de Cultura de la ciudad, en una simulación de democracia participativa, pues de nueva cuenta las autoridades preservan sus adeudos este 2020, nombrado “Año de los trabajadores de la cultura”, y peor aún, pretenden ejercer el control de medios, convirtiéndolos en brazos propagandísticos e incluso proponiendo al poder judicial en sus mesas de editorialización, etc.[3]

Si este es el Año de los trabajadores de la cultura, y además, como ha declarado nuestro Presidente, el neoliberalismo no existe más, ¿por qué los trabajadores culturales adolecemos de contratos dignos en el sector gubernamental, con prestaciones de ley, pagos en tiempo y reconocimiento de relación laboral? ¿Por qué ex trabajadores nos encontramos entablando demandas tras despidos arteros, para que diversas Secretarías reconozcan y restituyan nuestras figuras laborales? ¿Dónde está la Secretaría del Trabajo? ¿Por qué las y los Secretarios de Cultura no defienden a sus trabajadores? ¿Por qué las y los Secretarios de Cultura se niegan a reconocer a quienes generamos y ejecutamos las ideas y proyectos con los que se regocijan en informes de gobierno? Durante el Primer parlamento cultural de la CDMX, Hebe Rosell tomó el micrófono para cantar un largo grito, adolorido, maltrecho, en nombre de les artistas ausentes en aquel recinto, el Museo de la Ciudad de México, grito que sigue resonando como protesta ante la indiferencia y explotación de los derechos culturales civiles.

Notas

  1. Para más información sobre la continua violencia laboral de parte del INBAL ver: Alida Piñón, “Artistas llevan 8 meses sin pago de Cultura CDMX”, El Universal, 27 de noviembre de 2019, Sección Cultura; disponible aquí; y “Protestan trabajadores del INBAL por falta de pagos”, La Jornada, 3 de noviembre de 2020, Sección Cultura; disponible aquí.
  2. Erika P. Bucio, “Exigen músicos que cumplan con promesas de retiro”, Reforma, 3 de marzo de 2020; disponible únicamente con suscripción al periódico aquí.
  3. Al respecto, se puede consultar una serie de pronunciamientos de la AMEDI, ante la inconstitucionalidad que representa la aún opaca Ley del Sistema Público de Radiodifusión de la CDMX.

Questions Surrounding Workplace Violence

Helot. A person who is or is considered to be deprived of the rights of citizenship.
“[…] revolutionary aspiration has only one possible way of ending, only one: always with the discourse of the Master, as experience has already shown. What you aspire to as revolutionaries is a Master. You shall have one! […] Because you play the role of serfs in this regime.”
— Lacan, 1969

Could it be that when the self-appointed children of communism and exile take up their duels and defend the public, as the greatest good of a nation, my country of helots will heal?

Or when they defend the working class, make their struggle their own, and therefore point out and rectify the historical debts of the State, will my country of helots will heal?

Could it be that when they begin to assert the right to healthcare and the right to appoint every worker as a worker, without the euphemisms “collaborator” or freelancer, my country of helots will heal?

Could it be that when the high officials stop creating and seeing wars in every attempt of dialogue and defense of rights, my country of helots will heal?

Could it be that when these officials are forced to survive with an unemployment insurance of 1500 pesos a month to pay for basic services, including rent and food, my country of helots will heal?

Could it be that when officials stop substituting universal rights with health packages with names like “Fame and Health” and “Start Your Success”, to do personal business, supported by a disregarded state and merchant, my country of helots will heal?

Could it be that when the workers of the State are paid on time, when the State forces every employer to pay on time, my country of helots will heal?

Could it be that when the SAT (public system for tax collection in Mexico) defends the creators, exempt taxes for their activities, against the employers who force us to hand them over, my country of helots will heal?

Could it be that when bureaucracies are transparent and begin to respond to emails and requests, because they assume that the time of others is the time of the public-citizen (and respect for the rights of others), my country of helots will heal?

Could it be that when the workers’ movements stop praising officials —late masters— who have attacked them in the past, my country of helots will heal?

Or when artists/creators begin to understand themselves as workers, as well as the human capital behind them?

Let’s repeat: worker, I am a worker.

Could it be that when we can establish axioms among cultural workers, bureaucrats, artists, unionists and “service providers”, including an ethical press, my country of helots will heal?

Axioms from a language that does not disqualify or belittle those who denounce. Axioms of cooperation.

I will be in solidarity with my colleagues and will not call them arrogant or conflictive just because of the demand that their rights, which are also mine, are respected.

I, a colleague with public visibility, will accompany my other colleagues in denouncing their just demands.

Etc…

Could it be that when we stop thinking about being blacklisted for speaking out, my country of helots will heal?

Could it be that when the media bureaucrats stop blacklisting, harassing and coercing the workers, my country of helots will heal?

Could it be that when we look into oblivion, my country of helots will heal? Oblivion, with O. Oblivion that, as Todorov wrote, generates executioners who arrogate to themselves “the right to control the selection of elements that must be conserved.”

Could it be that when officials stop presenting themselves as “Zapatistas, feminists, horizontals, friends” and take on the struggle of the working classes, my country of helots will heal?

Could it be that when sorority means not keeping silent in the face of opprobrium, even ignominy, my country of helots will heal?

Could it be that when sorority is companionship and loyalty, not using others for personal, greedy purposes, my country of helots will heal?

Could it be that when creators and audiences question why they consume media that openly violates labor and expression rights, without conditioning their consumption to reversing or correcting their abuses and omissions, my country of helots will heal?

Could it be that when the organization of a civil society, which demands and watches over public-citizen rights, is encouraged and strengthened, my country will heal because the helots will break their chains and leave their masters alone?

Today, dissidence is assuming civil society.

These are some of the questions that I am thinking about during the anthropause 2020, although they began to become visible in December 2018, due to the administrative failure in labor policies, with the withholding of salaries and the hiring of cultural workers from all over the country, without accountability.[1]

Since the entry of the current administration, many arguments were expressed by the headlines: previous corruption, the disappearance of resources,[2] to the archetypal approach of a struggle between good and bad who did not want to pay taxes and caused the lack of money in the City, etc., but always in appreciation of the wearing the workers’ colors, without reforming the structure or repairing the damage. The 2019 protests by workers’ movements and their demands in front of the Fine Arts Museum (March) and National Palace (December), to name just a few, are public knowledge, but the cohesion between them has been complex. At a national level it has had an impact, but at a local level it has been less.

On February 15, 2020, the first cultural parliament of Mexico City took place, where the labor violence exercised by the Ministry of Culture of the city were exposed in a simulation of participatory democracy, because once again the authorities are preserving their debts this 2020, named “Year of the Cultural Workers”, and worse, they intend to exercise control over the media, turning them into propaganda weapons and even proposing to the judiciary in their editorialization tables, etc.[3]

If this is the Year of Cultural Workers, and furthermore, as our President has declared, neoliberalism no longer exists, why do we, cultural workers, agonize over decent contracts in the government sector, with statutory benefits, payment on time and recognition of employment relationships? Why do ex-workers find themselves filing lawsuits after being fired, so that various Ministries can recognize and restore our labor figures? Where is the Ministry of Labor? Why don’t the Ministries of Culture defend their workers? Why do the Ministries of Culture refuse to recognize those of us who generate and execute the ideas and projects they rejoice in government reports? During the First Cultural Parliament of Mexico City, Hebe Rosell took the microphone to sing a long, sore, battered cry on behalf of the artists absent from that venue, the Mexico City Museum, a cry that continues to resonate as a protest against the indifference and exploitation of civil cultural rights.

Notes

  1. For more information on INBAL’s ongoing workplace violence see: Alida Piñón, “Artistas llevan 8 meses sin pago de Cultura CDMX”, El Universal, November 27, 2019, Culture Section; available here; and “Protestan trabajadores del INBAL por falta de pagos”, La Jornada, 3 de noviembre de 2020, Sección Cultura; available here.
  2. Erika P. Bucio, “Demigen músicos que cumplir con promesas de retiro”, Reforma, March 3, 2020; available here only with newspaper subscription.
  3. In this regard, a series of pronouncements of the AMEDI (Mexican State News Agency for its acronym in Spanish) can be consulted here in the face of the unconstitutionality represented by the still opaque Law of the Public Broadcasting System of CDMX.

Publicado en Terremoto: https://terremoto.mx/online/cuestionamientos-alrededor-de-las-violencias-laborales-que-no-cesan/

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