Dance Poems

Poesía ecfrástica

  • Los volcanes se funden en ruinas, 
    lo anti melódico despega como los pájaros urbanos,
    mientras una mujer camina en el desierto. 
    El sax de Remi se desvanece. 

    Las gotas ascienden, eléctricas, analógicas, atonales. 
    El hielo se funde por cada célula,
                                                     cabeza, 
                                                     loop. 

    Bailamos con los brazos de la Ganesha 
    entonando la costumbre del silbido. 
    Nos fundimos con el azul del frío y su calor, 
    los samples del rezo y sus pregones. 

    Es la masa, 
    los cristales de sal que nos llevan al túnel 
    de un ‘sin lugar’. 
    Sin coche y sin dinero también se debe surfear.
    El contrabajo se contonea por la carretera 
    con el vaivén del mejor saxofón de Maltrata
    oh, las Moscas bravas se estrellan 
    en el rojinegro de nuestras pestañas. 

    José José también gozó el funk.
    * Found poem a partir de notas personales sobre el concierto del Colectivo NOON, en el Lunario del Auditorio Nacional, 28 de agosto de 2015   
  • a Nadia Dominique, 
    la mujer…
     que soy
    Se están volviendo margaritas los huesos de la niña
    que se consume como una lámpara olvidada
    una piel transparente la seduce
    para bordar en sus cabellos los pétalos de muerte
    Y mis manos quietas no la tocan
    Y mis ojos tristes no la miran
    Y mi alma inerte no la siente
    Se están volviendo secos los ojos de la madre
    que se consume como una lámpara olvidada
    una piel transparente se le escapa
    para bordar en sus cabellos el llanto de la muerte
    No te vayas de mí    niña de azúcar
    a deshacerte entre la piel del llanto
    No te vayas de mí    pájara libre
    hacia el páramo frío de la ausencia
    Entre tus venas danza mi silencio
    y hay un sonido mío en tus palabras
    No te vayas de mí   niña de azúcar
    a plantar margaritas en tus huesos
    No me dejes sin tus ojos
    ciega
    No me dejes sin tu voz
    silente
    No me dejes sin tu luz
    a oscuras
    No me dejes sin tu piel
    desnuda
    No me dejes sin ti
    niña de azúcar
    Mirtha Luz Pérez Robledo

  • Un fragmento del poema «Violencia», del libro Junkie de nada, traducido al árabe por Muhsin Alramli, del Festival internacional de poesía de Tanta (30 de octubre/2 de noviembre de 2015)

    أردتُ أن أكتب القصيدة الأشد عنفاً
    القصيدة الخارقة البطيئة النبيلة
    التي توقظ خزانات الملابس من سباتها
    وأباريق الشاي.
    التي هي دويّ في الكأس شبه الفارغ
    التي توصد باب
    الأوردة
    المتوجعة
    للرجال…………….
    ــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــ ترجمة\محسن الرملي
    Quise escribir el poema más violento
    el poema violante lento hidalgo
    que despierta del letargo a los roperos
    y las teteras,
    el que es tronido de copa esguinzada
    que atranca la puerta vasoconstructora
    de las yugulares
    lastimadas
    de los hombres.
    ــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــــ Traducido por Muhsin Al-Ramli

  • {Widow number 8 sings}

    1

    He crawls like a tree branch, on the wet surface. Transpires one brimstone. Water crystals in the snout.

    2

    He is looking for food. Leftovers of smell which are rope, which are memory. The life of a town, in front of the candle and the portrait on the chest of drawers.

    3

    The helmet hangs in the gnawed wardrobe. I cry, because I think of you trapped. Deafened.

    4

    600º C wave. Expansion. 2.5 kilometers. Asphyxia. You. Kneeled. You carry the shovel. The light bulb blinks. Black hands.

    5

    The hen broth and the beans await. Unburied. The table is in mourning. I bury the crossed knives so that the wind carries the rain away.

    6

    Saponified. Sunken. Useless. Lumps to order that should have been forgotten. Insomniac heat. 2:30 am.

    7

    Helicopter vultures. They sentenced the faceless children to death. Viscous event that didn’t perechó2.

    8

    In the middle of the night, I wake up, startled by your nightmares. Dreams I beg. Shreds.

    9

    Slitted tights, and all around, women thread a tableau of prayers. Blankets on guard. 10 Fenced by demolition. Area of risk. Miner 4, miner 2, second entrance, reported concentration. The pulleys remain dirty.

    11

    Gray smoke, gray mortality. Gray cloudy rails. We remember them, when a country buried them without a corpse.

    12

    Generation after generation, the grandfathers harvested metals, while the unions soaped their skins with calabash.

    13

    Miners or soldiers of a war in sepia. Empty alcohol under their arms. From their canteens, they licked seconds.

    14

    Frozen busboys of the earth. Worth less than beasts. February 19, 2006. 6:00 am.

    15

    The air wouldn’t be. Stop breathing. Survive. Epitaphs for the missing. Gante in his funeral. Wheat for the widows.

    16

    100 Orphans. And the anguish that silences nothing. Blue helmets. And they wonder, where are the widows? Three years later.

    17

    When a fire presses, again, against our breast, nothing quiets. For you, the live ones, the 65.

    18

    4:14 am. I get up just to boil water for you, only to return to your ciénaga3 arms.

    19

    But that dying dog dragging itself by the tail, but this silence, but these stained sheets scuff the scar.

    20

    And, at a sinister hour of dawn, I ask myself, when will you find my end? No more stones. Bones.

    21

    The Fates seal willow kisses, to raise them from the dead, wrapped in looks and white petals.

    22

    They pronounce their names, among Sabinas and stars, on St. John’s Day: Javier Perez Aguilar, Amado Rosales Hernandez, Jesus Morales Boone, and 62 miners more.

    23

    The voice is the end of the rope.

    COLLECTIVE EPITAPH

     Javier Pérez Aguilar  Amado Rosales Hernández  Jesús Morales Boone  Lauro Olacio Zarazu  Jesús Cortez Ibarra  Tomás Patlán Martínez  Fermín Tavares Garza  Juan Antonio Cruz García  Juan Ramón Barrientos Gloria  Jesús Armando Rodríguez Torres  José Guadalupe García Mercado  Guillermo Iglesias Ramos  Adrián Barboza Álvarez  José Luis Calvillo Hernández  Óscar Javier Cerda Espinoza  José Ángel Guzmán Franco  Roberto Zapata González  Jesús Alberto de León Camarillo  Mario Alberto Ruiz Ramos  Pedro Doñez Posada  Ricardo Hernández Rocha  Jorge Bladimir Muñoz Delgado  Juan Fernando García Martínez  Hugo Ramírez García  Juan Arturo Salazar Olvera  Juan Antonio Cárdenas Limán  Feliciano Vázquez Posada  Gil Rico Montelongo  Rolando Alcocer Soria  Roberto Guerrero Ramírez  Ignacio Hernández López  Jorge Antonio Moreno Tovar  Jesús Álvarez Flota  Juan Manuel Rosas Hernández  Agustín Botello Hernández  Ignacio Campos Rosales  José Alfredo Ordóñez Martínez  Margarito Zamarron Alfaro  Gilberto Ríos Salazar  José Armando Castillo Moreno  Isidoro Briseño Ríos  Felipe de Jesús Torres Reyna  Pablo Soto Nieto  Margarito Cruz Ríos  Raúl Villasana Cantú  Eliud Valero Valero  Guillermo Ortiz Mora  Juan Martín Gómez Martínez  Mauro Antonio Sánchez Rocha  Reyes Cuevas Silva  José Manuel Peña Saucedo  Jesús Viera Armendáriz  José Eduardo Martínez Baltasar  Gregorio Rangel Ocura  Julián Martínez Ojeda  Ernesto de la Cruz Sánchez  Mario de Jesús Cordero Arévalo  José Porfirio Cibrián Mendoza  José Ramón Hernández Ramos  Juan Raúl Arteaga García  Luis Jorge de Hoyos Márquez  José Alfredo Silva Contreras  Jorge Arturo Ortega Jiménez  Arturo García Díaz  José Isabel Mijares Yáñez

    The author believes she heard this word in a song, some Italianized form of Argentinian Spanish, or maybe she made it up, but in her mind this word means something like grow, or mature.
    Ciénaga means marshland, swamp or bog, words which don’t have the sound of the original Spanish, so I decided to leave it.
     
    * Traducción al inglés de Pilar R. Aranda, para bigbridge.org/
  • Ataviada con un azul grisáceo, la bonaerense Juana Molina nos confiesa vivir casi dentro de una burbuja, alejada del flujo informativo o los compases del caos citadino, y aunque prefiere rodearse por la naturaleza y sus sonidos, las giras la devuelven al devenir, a través de la interacción con los públicos que su trabajo ha conquistado, a largo de sus edades contadas.
    A pesar de su aparente timidez, conoce los escenarios al derecho y al revés; se planta en el centro de la tarima, de negro y con el cabello largo y naturalmente despeinado, con cierto semblante de rara, porque no es la representación típica de una mujer en escena; se asume como músico, antes que un gancho estereotípico de la industria discográfica. Quienes hemos asistido a sus conciertos sabemos que será un momento de escucha y baile, irrepetible como bucle infinito.
    Revela que trabaja en solitario, como viene haciéndolo desde 1995, alejada de los reflectores y las facciones generacionales:
    … siempre me sentí muy ajena a los movimientos, no soy amiga de ninguno de los músicos, nunca pertenecí a los movimientos; lo mío es muy aparte, de ermitaña, de hacer las cosas como a mí me parece, ni sé lo que es un movimiento… Al final, mi atracción hacia un músico o su música es hacia la persona, no sé si pertenece a un movimiento. 
    Al escuchar por primera vez a Juana, a bote pronto pensé en que su tesitura juvenil, a veces aniñada, coincidiría con su edad; fue una sorpresa encontrarme frente al universo de una mujer que conversa con la tranquilidad e introspección de quien se ha replanteado los caminos. Su instinto animal suena al noroeste argentino, a tonadas y bagualas, a comparsas de sintetizadores y cajas de ritmos, y es que “uno termina siendo lo que lo nutrió de chico”:
    … mis padres escuchaban música de muchos lugares, y había un disco que era música del norte argentino, de Leda Valladares, que a mí me gustaba muchísimo y después había canciones de María Elena Walsh, con letra de Leda Valladares (que también tomaba cosas del norte)… y siempre me gustó mucho la música uruguaya [recordemos su “Misterio uruguayo”], son cosas que uno no sabe muy bien qué es lo que toma, y le resuenan, como que son parte de uno.


    Cuando Juana canta, su voz parece rememorar un viaje sonoro a la infancia. De niña y adolescente, vivió el exilio, al lado de su hermana Inés y sus padres, Chunchuna Villafañe y Horacio Molina, con quien desde muy pequeña grabó música.

    La escisión del origen es un tema recurrente en la poética de Juana, establecidos desde la ironía onírica de aquello que nunca es y siempre se explora; desde esta perspectiva, podemos escuchar “Insensible”, una canción en francés, tan amorosa como política, igual que su disco Tres cosas, en el que cuestiona el progreso, los adioses y las imposturas del pensamiento: Sálvese quien pueda. Sin embargo, prefiere no manifestarse sobre políticas globales: “no es lo mío y quedo como una tonta”, dice.
    A sugerencia de un amigo, cuenta que sus exploraciones pueden interiorizarse como “candombe japonés”, porque la música japonesa básica está emparentada con la música andina al ser una música pentatónica —como la de las escalas empleadas durante la meditación—, y ella tiene mucho de lo pentatónico, pero no es una búsqueda consciente o predeterminada, nos comenta, sino azarosa. Que sus discos comenzaran a sonar por primera vez en Japón, incluso antes que en Sudamérica, fue también una casualidad:
    … fue una brecha que se abrió y justo calzó un pie y dijo acá, acá echo raíces; ahí entendí que al haber escuchado tanta música en otros idiomas y música instrumental hace que yo esté mucho más conectada con la música que con las letras, y quizá eso es lo que finalmente se transmite.  

    Como en “Un día”, que podría escucharse como una baguala electrónica, le interesa centrarse en la atención sobre las emociones y los pensamientos, en la respiración e imaginación que la música genera: la música sin letras:
    En lo mío, las letras siempre aparecen al final. Inclusive tengo todo el disco armado, las secuencias… y me faltan letras. Para mí, mi verdadera misión ya está cumplida, pero hay un protocolo que me dice que no, que tengo que escribir una letra. Entonces, me pongo a trabajar en la letra, pero ya es otro proceso, posterior y casi te diría ajeno al disco en sí. Y la gente recibe la intensión original, que es la de la música. Nunca sabré con certeza si es así, pero lo creo.

    Algo curioso le sucedió con la escritura de “Ay, no se ofendan”, que grabó sin letra y con el paso de las presentaciones le incorporó palabras, a partir de imágenes mitológicas de Ulises y barcos en el mar —el Mediterráneo, presiente— que asoció con la armonía; en vivo, cobra otro sentido. Aunque el protagonismo de la música de Juana Molina son sus melodías y la extensión de sus tesituras, sin esbozar un estudio de género —ay, no te ofendas, Juana—, hay una lectura testimonial (Raraes su disco más autobiográfico) y portentosa en su selección de palabras y frases; obvia porque cada autor despliega tramas de su inconsciente, y al final están en Juana todas las edades en las que prima la autodeterminación de un sermujer; sin dudar, sin demora.
    No le gusta usar un lenguaje pretencioso y trata de que pase inadvertido, que no perturbe la música ni desubique:
    … me molesta cuando sobresalen las palabras en la música, trato de que todo sea, muy humildemente, la letra diciendo “disfrácenme de melodía”; trato de mantener un equilibrio musical entre la fonética y el significado.

    A veces, prefiere callar, otras balbucear —como en el origen del lenguaje—, con el sonido del mundo y los sintetizadores del “Bicho auto”, en los que el Wed 21 suena como el zumbido del mosquito de la malaria, ferocísimo y alegre.
    Sobre el título de Wed 21, su sexto disco en solitario, publicado en 2013 por la disquera belga Crammed Discs, Juana lo escogió —a sugerencia de su hija— porque todos los nombres que llegó a pensar eran demasiado melancólicos, y sin duda su fonética intriga (no se quiebren la cabeza, no quiere decir nada) y se relaciona con su personalidad; la ironía es fundamental en la vida de esta compositora e intérprete, desde luego, y aunque el sentido del humor en su música es menos evidente, es importantísimo:
     … hay sonidos que directamente son cómicos, que ya me causan gracia; hay cosas que programo con intensión, otras que descubro, que no me esperaba y las dejo así.

    La época de Juana y sus hermanas —programa de sketchescómicos que condujo junto a Inés, de 1988 a 1994— fue emblemática para su carrera. Cuenta que la motivación para salir a cuadro siempre fue la música, tan así que en la última etapa del show incluyó la participación de músicos, con quienes llegó a grabar, como con la legendaria banda La Portuaria, en 1993. Desde aquella edad, Juana nos incita a bailar, hasta salir del cuerpo.


    La soltura creativa es su nódulo. Cuando joven dejó el conservatorio, leer música siempre fue difícil y eso llegó a causarle rencillas con sus necios músicos, algunos muy académicos, otros más cadenciosos. Así conoció en 1995 al bajista Mariano Domínguez, quien tocó con una ella hasta que Andrés Calamaro le ofreció el oro y el moro; gracias a él conoció a su actual baterista, Diego López de Arcaute, pero en el momento no hubo química, era muy chiquito en ese momento. Luego un ingeniero de sonido le presentó a Odín Schwartz, bajista —irresistible, en palabras de Juana—, con quien resolvió que todos los bajos del Wed 21 se tocaran con sintetizadores, pero se dieron cuenta de que requerían más músicos:
    … a último momento nos dimos cuenta que necesitamos a una persona más; me la pasaba haciendo cosas y no podía interpretar, ahí, apurada invité a Diego, que ya había crecido… Ellos son mis pollitos; parecen más jóvenes de lo que son, y a veces me preguntan “¿sus hijos viajan con usted?” Eh, sí no podrían ser mis hijos… [Ríe] Nos divertimos, ya desarrollamos un código…No puedes estar con alguien que no soportás; son esas cosas que pasan con la gente que se ve todo el tiempo y se llevan bien, y cuando las cosas no van bien, hacemos una reunión y es increíble.

    Siempre emocionan los ticks y la sonrisa que delatan el gozo de los músicos en un show y se percibe que Diego y Odín, los pollitos, se divierten, aunque a veces olviden silenciar su celular y la novia les llame cuando están por tocar y Juana los regañe frente a todos. En el proceso de montaje de la música de Juana —grabada y en vivo—, Odín ha sido trascendental en los últimos años, se nota su meticulosidad, pero en la fórmula, Dieguito, como le dicen de cariño, imprime la fuerza animal que se une al estudio de Odín y al instinto de Juana… Esas tres cosas que forman el escudo de armas de Juana Molina.
    Somos memoria, y en ella están todas las edades. El tiempo nos lleva a preguntarnos y querer entender qué y quiénes somos, pero Juana propone, luego de soltar un “basta de querer encontrarle sentido a todo”, que la vida también es girar entre contradicción y risa, ser otra distinta.


    Zazil Collins
    Radio DJ | Escritora

  • El sueño, su trinchera: zapatear el futuro, la supervivencia
    El sueño
    Los sueños fecundan la poesía, y hay quienes sueñan que ventarrones de protesta se levantan, y que es el hombre campesino nuestra esperanza futura.* Quienes lo sueñan, además, se dicen afortunados porque su único patrón es la conciencia; se les conoce como Los Cojolites.
    Me encontré con Joel Cruz, Benito Cortés y Ricardo Perry el pasado 16 de diciembre en las instalaciones de Verbigracia. Llegaron cansados. Antes de comenzar su itinerario en la ciudad de México para presentar Zapateando (Round Whirled Records, 2014), su cuarta producción de estudio, fueron a ofrendar Una luz por Ayotzinapa, concierto que ocurrió el 14 de diciembre en Tixtla y al que fueron convocados por los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”.
    Los Cojolites quisieron sumarse a la invitación no sólo porque vivimos un momento histórico, cuya responsabilidad —señala Ricardo Perry— está en esos jóvenes, sino porque llevan la música como bandera. Joel apunta que su llegada a Ayotzinapa “es una forma de poder solidarizarnos, desde lo que somos, de decir: aquí estamos, estamos con ustedes, sentimos lo que ustedes, no a la misma magnitud, pero reconocemos que están sufriendo una cosa que esperamos nunca sufrir y por su lucha, creemos, se pueden librar nuestros hijos e hijas de estos esquemas violentos; es un momento histórico en el que hay que sumar voces, generar otros espacios de protesta… Ellos [los estudiantes y familiares de los normalistas] tienen una agenda clara y nosotros desde la nuestra, que es la música, desde esa trinchera aportamos”.

    Su trinchera
    Relata Perry que ellos nacieron donde se crió la primera civilización de América, de los pueblos nahuas y popolucas del sur de Veracruz, y allí brotó el son jarocho: “nuestra música nació clandestina, nació agredida”, perseguida, apuntala Joel. Por ejemplo, continúa Perry, “en nuestro nuevo disco, los versos de ‘Las poblanas’, con los que iniciamos, son versos de más de 100 años y pareciera que lo hicimos para este momento y no, así han sido los versos de ‘Luna negra’ también; solamente los rebobinamos… y es el sentir de la gente sobre la opresión que siempre han vivido las comunidades indígenas en nuestro país, no es nuevo. Eso refleja la música, no es que seamos contestatarios, no hacemos música de protesta, tocamos el son jarocho como es el sentir de nuestro pueblo”.
    Joel agrega que en la música de Los Cojolites hay un discurso político en defensa de su identidad, “y, en estos tiempos, la defensa de la identidad es algo contestatario, porque existen intereses internacionales que quieren hegemonizarnos, hacernos una misma pasta para que consumamos todo los productos que ellos sugieren; entonces, el son es una manifestación del pueblo, que forma parte de un universo cultural que nos identifica como habitantes de las tierras de los olmecas, y a partir de la defensa de nuestra música también defendemos nuestro territorio, nuestra comida, nuestras plantas, nuestro espacio, nuestra forma de hablar, pensar y crear, y ya implícito en ese proceso va un discurso. Es una expresión que nos hace ser distintos y poder dialogar con otras culturas y aportar”.
    Y en este momento, Los Cojolites aportar cantándole a los estudiantes y vibrando contra la criminalización de los jóvenes, porque —recalca Joel—  en todos los espacios el gobierno se siente agredido por los jóvenes. Bien lo expresó la banda Massive Attack en octubre del 2014: Pienso, luego me desaparecen.

    Zapatear
    Dos años después de publicar Sembrando flores (Round Whirled Records, 2012), el disco por el que fueron nominados a los Grammy, Los Cojolites nos entregan Zapateando, disco que grabaron en San Francisco, bajo la producción de Greg Landau, quien una noche los fue a escuchar a La Peña Cultural Center, en Berkeley, California.
    En ese momento, el grupo pasaba un trago amargo porque acababa de perder dinero (incluso hoy día, comenta Perry, siguen teniendo adeudos por Sembrando flores) y la producción que preparaba, pero Landau, de origen nicaragüense, se ofreció a re grabar el material. Al día siguiente grabaron el repertorio que hoy conforma Zapateando, en el que homenajean la herencia oral que recibieron de los maestros del son jarocho, como Donato Padua, cuyos versos retoman en “Las poblanas”, el primer sencillo de promoción, y donde también reconocen a la familia de Benito Cortés, familia de poetas de Chacalapa, Chinameca y Comején; versos que abordan la temática social de la época en que vivió don Donato y sigue vigente, comenta Joel.
    Zapateandoes una producción dinámica que en 37 minutos —continúa Joel— “retoma la espontaneidad de nuestra cultura; tenemos más de 20 años tocando individualmente, como grupo 15, 16 años… somos parte de una tradición del sur de Veracruz y también músicos contemporáneos; el disco refleja un equilibrio entre ambas partes: es un reconocimiento para los viejos maestros soneros, como portadores… Queremos regresarles un poco a ellos, de ahí esa sonoridad, más apegada a la tradición. En otros discos hemos explorado otras latitudes, pero de ahí el nombre de Zapateando, porque la fiesta de tarima es el corazón de nuestro pueblo.”
    A diferencia de producciones anteriores como El Conejoy Sembrando flores, en Zapateando no hay composiciones originales de los miembros de Los Cojolites, sino que retomaron la versada de los viejos poetas, con una forma melódica distinta a lo que han presentado antes.
    El objetivo —indican Los Cojolites— es demostrar que no sólo le apuestan a la fusión, sino al apego por la tradición.

    El futuro
    Los Cojolites surgieron hace 17 años como un proyecto cultural en Cosoleacaque, Veracruz, con el precepto de rescatar la identidad cultural de la región y bajo la urgencia por incentivar a los jóvenes a fortalecer las tradiciones y vida comunitarias.
    A partir de la recuperación local se erigió el Centro de documentación del son jarocho, en Jáltipan, donde —cuenta Benito— hay actividades y taller de son jarocho para niños y jóvenes, pero no sólo se trabaja en la ejecución técnica, sino también en los valores cívicos y sociales que mucha falta hacen en estos tiempos tan difíciles”. Veinte años atrás, crearon, bajo la dirección de Perry, el Centro Cultural de Arte Popular eran conscientes de que el son jarocho es un arte ligado a la alfarería, el telar de cintura y la medicina tradicional.
    Hoy día, a través del trabajo de escenario, Los Cojolites logran mantener el Centro de documentación, desde luego también gracias a los donativos que reciben anualmente con la organización, desde 21 años, de un festival que se realiza los días 27 y 28 de diciembre; también con colectas y ventas de discos. Además, imparten un seminario de estudios culturales y del son jarocho, en un predio que —rememora Perry— “llamamos Luna negra, destinado la recuperación de la naturaleza: hay áreas de bosque muy fuertes, así como siembra de semillas… y es nuestro trabajo de dar a la naturaleza lo que tanto le quitamos y ser consecuentes de cantarle a nuestros ríos, flores, aves, y queremos que sea ejemplo para los 11 pueblos indígenas que existen en la isla de Tacamichapan. Y si, por ejemplo, nosotros necesitamos la madrera de cedro para nuestras jaranas, pues tenemos que sembrarlo”.
    Los Cojolites también siembran historia, conservando la memoria a través del resguardo de fotografías y videos, y también de un trabajo editorial, como la revista Son del sur, de la que han publicado 10 números, localizables en la biblioteca del Centro de documentación, donde se conservan documentos únicos que sólo pueden encontrarse ahí. Cualquiera puede, además, consultar su portal de YouTube, que este año publicó 350 videos, prácticamente uno por día, editados por Joel, Perry y el canadiense Gabriel Fields; sobre esto, agrega Perry: “esperamos continuar, nos faltan cientos de videos que grabamos hace años, importantes para entender el proceso histórico del son jarocho, desde el trabajo de viejos músicos que ya murieron y de la formación de Los Cojolites cuando eran niños; ahí esta nuestra historia, no queremos atesorar nada para nosotros ni vender”. Un legado noble.


    La supervivencia
    De la música sobrevivimos, confiesa Perry, por ello, Los Cojolites “decimos vivir juntos, porque no había de otra”. Así, bajo esta realidad, la agrupación tomó una vía de colectividad: juntar sus ganancias y comer juntos. “Lo poco que llega va para el proyecto, para las cuerdas de nuestros instrumentos, que son caras, para repararlos, y ahí andamos batallando”, agrega.

    La vida de estos artistas, aunque el Grammy les atrajo prestigio internacional, es precaria; sin embargo, el consejo de Los Cojolites para los músicos (y no músicos) “es que hay que entrarle, todos sobrevivimos, le andamos rascando como cualquier trabajador… Lo satisfactorio es que hacemos lo que queremos y así debería de ser, sin tener patrones, más que nuestra conciencia. Somos afortunados, aceptándonos y soportándonos como somos, porque somos tan diversos que salir adelante es el respeto a cada quien: integrarnos socialmente hacia algo que nos dé alegría y sonrisas en un mundo tan complejo”.

    Coda
    No podía despedirme de Los Cojolites sin preguntarles por la historia detrás de “Luna negra”, son distintivo de la agrupación y uno de los más hermosos.
    Perry, su director musical, la relató con emoción: “Estábamos en la biblioteca del Centro; estaba “Pelusa”, Carlos Rivarola, de Bandula, y “El pato”, de La maldita vecindad, apoyando la enseñanza de Los Cojolites…”
    Preparaban un demo, antecedente de El Conejo, cuando a Noé González se le ocurrió un acorde. “… En ese momento se hizo el verso del estribillo de “Luna negra, negra luna,/ ¡negra!/ Color de tu madre”; una referencia de una música de los negros de Perú, porque Rivarola trabajó con Tania Libertad (Ahora que vino Susana Baca [los visitó en Jáltipan], nos dijo que le daba gusto que retomáramos esa frase.)… Empezamos a ver qué letra y me tocó a mí decidir que retomaríamos las décimas de Arcadio Hidalgo, muy antiguas… Las tomamos porque nos gustaban y pensamos que a larga estamos otra vez poniendo estos versos en una dinámica nueva; pareciera que inventamos la música, pero no, simplemente los retomamos”.
    Durante los primeros días de lanzamiento, Zapateando se posicionó en el sexto lugar de ventas en Estados Unidos, y continúa dentro del listado de los primeros 100 discos. Aún se encuentran en pláticas para introducirlo en las tiendas mexicanas, pero en sus presentaciones en vivo y a través de las plataformas digitales puede adquirirse.  La próxima estación de Los Cojolites no es Esperanza, es India. Todo el éxito para ellos.
    * Versos de Luna negra

    Zazil Collins
    Radio DJ | Escritora
    **Próxima publicación
  • Nadie reclama las cenizas
    de un ángel de barro
    entre las quijadas de la fosa común.

    «Vaya a buscarla con el novio»,
    le dijo el MP a tu abuela,
    dos días antes de levantar el acta.
    «No hay sistema, regrese el jueves,
    pero es vagancia», reculó.

    Alerta AAMX 312150360033012:
    14 años. Ecatepec, Estado de México. Morena clara. Cabello oscuro. 53 kg. 1.60 m. Nariz achatada. Verdes, ojos verdes, grandes. Lunar rojo en el labio. Vestía chamarra azul marino.

    ¿Sospechoso o acompañante?

    Sospechoso N N. No nombre. Usa arete en la oreja izquierda. 25 años, aproximados.

     

    Conducía una camioneta GMC negra
    que estacionó afuera de la Cklas 
    donde trabajabas.

    Te prometió en Facebook
    un viaje a Dinamarca
    por tus quince, contó tu amiga.

    Pasadas las 72 horas, avisaron,
    «se implementarán otras acciones de investigación».

     
    Tu abuela se pregunta
    ¿cómo te verás en diez años
    con la espina quebrada
    por dentro del corazón?

     
    Reportaron verte en la Central de Autobuses del Norte, Tuxtla Gutiérrez y Cancún.

    Especulan que un narco
    te desposó en Texas,
    que tienes tres hijos
    y tu nombre es otro: Jenifer, Arisbeth, Diana Angélica, Lucía, Bianca Edith, Fanny.

     

    En el bordo, musgo y ámbar flotan.
    Las Verónicas enjugan tu rostro
    en la última fotografía de cumpleaños.

    Zazil Alaíde Collins

    De acuerdo con la asociación AGAPE, 87% de las víctimas de trata de personas en 2012 eran menores de 18 años y fueron ubicadas en redes sociales. Fuente: 24-horas