ZAZIL COLLINS

Un breve perfil, junto a mis colegas del M.F.A. en Escritura Creativa Bilingüe, desde UTEP

#somoswriters - Meet our Students Q&A

Zazil Alaíde Collins – Estudiante de primer año; algo defeña, algo sudcaliforniana. Zazil es poeta, locutora y curadora musical. Su obra forma parte de la Antología general de la poesía mexicana: De la segunda mitad del siglo XX al tercer milenio (Océano, 2015), editada por Juan Domingo Argüelles. En 2017, obtuvo el premio Poesía en Voz Alta (Casa del Lago-Literatura UNAM) con su colectivo multidisciplinario AA&A y en 2011 el Premio Estatal de Poesía Ciudad de La Paz (Instituto Sudcaliforniano de Cultura-Conaculta). Web: zazilcollins.com

Zazil fotografía_por Rafael ArriagaFoto: Rafael Arriaga

Dinos, en un millón de palabras, cerrando los ojos y con una sonrisa en la cara, ¿quién eres?
Daria

Además de escribir, ¿qué otra cosa te apasiona y te llena los días?
La música

Cuéntanos, ¿qué te gustaría encontrar en UTEP además de una gran formación y oportunidades para que tus palabras se lean?
Un colectivo que genere encuentros, jams, conciertos y…

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Arrostrar (373 días)

Cuando volvamos a vernos

florecerá la blanca lila

y yo te envolveré en almohadas

para alejar de ti las nostalgias.

Hannah Arendt

Alborada. Una trompeta me despierta tocando “Amor eterno”; pinzones de cabecitas rojas y amarillas trinan desesperados; se unen los pregones del gas, la basura, el agua, la campana de la iglesia, aviones, arengas de médicos, enfermeras y trabajadores afuera de Gabriel Mancera o la Secretaría del Trabajo exigiendo condiciones dignas. Por ti y por mí. Hoy es el día 373 del comienzo del confinamiento. He pasado madrugadas escuchando patrullas y ambulancias frente a mi calle, ruta para cuatro hospitales COVID. Mi insomnio se traduce en recuerdos. Reencuentro una fotografía que tomé tras el 19s; la fotografía con las caras que he sido. Los primeros días en aislamiento sentí la similitud de mis horas de insomnio con las del post terremoto, pensando en quienes no quiero perder; en quienes ya he perdido, desde otro rostro. Un rostro cansado.

Los sonidos se han amplificado, inclusive los de las construcciones que nunca pararon o los toques de puertas de vecinos que recorren las colonias de la alcaldía en busca de comida. Lo que tenga, señora, sopa, un guisado… Esta es la herida que convoca a reencontrarnos, con las melodías de fondo de músicos callejeros sedientos, en espera de que alguna moneda caiga desde las ventanas o balcones. “Bésame mucho”, “Amor divino”, “Perfume de gardenias”, El tiempo pasa y no te puedo olvidar, te traigo en mi pensamiento… y las sirenas y las marimbas, marimbas que florecieron por doquier, buscando sustento y, de paso, alegrándonos con covers de Blondie o Gloria Gaynor. Es la herida que convoca a conocer a otros con quienes nunca cruzamos palabras; una herida donde la certeza es frágil, como el amor y la ira. Esa herida en la que abrazamos la oscuridad, los tormentos que se sientan a nuestro lado, junto a la incertidumbre que respira sobre los hombros y nos insta a compartir con quienes alzan sus pañuelos en señal de hambre, los locatarios que desesperados por la quiebra inminente abaratan sus productos, los migrantes atrapados en la Ciudad que, siempre caminando de dos en dos, piden para un taco, en voz muy baja, apenada y exhausta.

“La vida se trata de improvisar con alegría” se lee en una pared de San Antonio ‒calle simbólicamente renombrada como “Graciela Iturbide” tras la marcha del 8M‒, y cuadras después un corazón gigante guarda la frase en otro muro: “Volverás a ser feliz”. Se sueña para atrapar la vida. Anónimos buscan salvar vidas con afiches y firmas de grafiti al lado o debajo de los Quédate en casa. Por ti y por mí. Conversamos, sin saberlo, a través de los sonidos que nos envuelven y habitan: tardes y noches de rock and roll afuera de Metro Etiopía, las aclamaciones de Lady tacos de canasta, el bullicio del mercado Portales, los cuetes a los santos patronos. 

¿Qué se esboza tras los duelos? Lazos, por ti y por mí, como los que expande el proyecto del Recetario de la memoria, donde la comida es alianza, entre madres rastreadoras, un equipo editorial ‒con base en los alrededores del Parque de los Venados‒ y lectores, en busca de pistas de los ausentes, que son de todos, pero tan dolorosos para quienes hemos tenido a alguien desparecido. Mi tío abuelo fue encontrado sin vida, en Baja California Sur, tras desaparecer durante esta pandemia. ¿Cuánto dura en curarse un corazón?

Difuminadas las nubes, cumulunimbus, las miramos tras las caretas, transparencias de nuestros aislamientos. ¿Qué está oculto? En alguna reapertura con ansia de normalidad, Jorge, el mesero de un bar, al aire libre, de la nada cuenta que está deprimido y no tiene con quién hablar. Viaja diario desde el Estado de México hacia la colonia Narvarte; al cierre del bar, debe tomar un transporte público, que ya casi no pasa, que parece que transporta fantasmas. A estas alturas, todos cargamos con espectros, pero arrostramos, como don Bruno Hojitas, que no ha parado de tocar cumbias con su soplido de hojas de laurel, afuera de las taquerías de avenida Universidad, exponiéndose a la indiferencia de quienes hacinados en puestos de tacos escuchan, entre residuos, su constelación de ritmos. “Sólo el sonido convoca el pasado en tiempo real”, escribió Agustín Fernández Mallo, sonido que, en palabras de Alberto Aguilar, propietario de El Convite, ha cambiado durante el confinamiento, tornándose empático y colaborativo desde la calle de Ajusco, en Portales Sur, y alrededores, a través de su Jazz sobre ruedas, breves conciertos a bordo de un vehículo.

Son tiempos para encontrar ánimo, reforzar y reformular la ética que dirija los procesos cívicos que requerimos; siempre en comunidad, porque no hay otra salida y habríamos de volcarnos en defender lo público frente a las dictaduras de la decepción, que habremos de combatir con humor, con contemplación, atrapando ruidos para ponerlos a conversar entre el tráfico y los detalles cotidianos.

El paisaje urbano y sonoro de Municipio Libre ha sido uno de los más activos para el arte; por una parte, Jazzorca inauguró un mural a cargo del pintor Antonio Gritón, y Pizza Jazz se convirtió en un refugio para los músicos, de acuerdo con el saxofonista Adrián Escamilla, pues desde el comienzo del confinamiento ha mantenido sesiones Live, que desembocaron en la grabación de 12 discos que pueden escucharse en conocidas plataformas de streaming. Al cruzar el puente, sobre Tlalpan, mi paso flâneur se pregunta por lo silente frente a la fachada cerrada del California Dancing Club, crisol de generaciones y músicas frente a la algarabía de la gran avenida, intacta como los edificios abandonados y las muescas de un pasado en tiempo real. Nos rodean las muescas: las del Vaquero de Medianoche, Samuel Noyola, en la entrada de La Maraka, murmurándonos sus versos: no le temo a los perros que me saludan/ en el fondo de la noche/ como niños hambrientos de luna,/ con aullidos de alucinante sombra/ y enamorado viento de las esquinas. Esquinas, donde el sonido también se ha vuelto burlonamente alegre, aunque dando un espacio cada vez más ancho a la muerte, en la opinión de Germán Bringas, músico y dueño de Jazzorca. Una muerte que ronda en las torretas incesantes, las aceras atónitas de los hospitales y los parques acordonados, igual que los edificios que el temblor de 2017 vació y los últimos meses han sido derrumbados entre los murmullos.

Se murmura la presencia de paramilitares en Chiapas y que el país debe sumarse a las declaratorias de emergencia climáticas globales, desde las puertas del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Y se masculla también, en los cielos nocturnos, una masa de sonidos de fiestas, motores, perros y alcohólicos deambulando sin rumbo, escarbando el polvo de las jardineras abandonadas desde abril 2020.   

Ha comenzado a llover y las bajonubes, en su letargo, nos develan el principio de lo vivo, entre jacarandas y bugambilias como si de un homenaje a los fallecidos se tratara.

Charly, el despachador de la tienda de la esquina de Universidad y Cumbres de Maltrata, falleció al comienzo de la pandemia. Acudieron a cercar y desinfectar el edificio. ¡Cuidado! Zona de alto contagio. Frases como “Saldremos de ésta” comenzaron a circular en las puertas de los vecinos, deseando un buen camino para Charly y esperando que el resto de la comunidad siguiera con salud: la adversidad encontró optimismo; también metamorfosis. Muchos locales han cambiado de giro, cerrado y abierto con intermitencia, otros se han lanzado al vaivén de inauguraciones y saltos al vacío, como un restaurante italiano en Heriberto Frías, que en octubre de 2020 recibió la solicitud de trabajo de un estudiante de medicina, argumentando que prefería trabajar en una cocina, por sus hijos, que arriesgarse en un hospital, en el país con mayores muertes de personal sanitario en el mundo. Se lucha por la vida, aquello que deja sombras y es pendular, como la claridad del sol en las tejas y palmeras que las águilas sobrevuelan en Narvarte, en cuyas calles el cencerro del tiempo toca los cláxones de coches antiguos: Cocodrilos, Cadillacs, Vochos, Mercedes Benz convertibles, Jaguares y hechizos modelos futuristas construidos en talleres mecánicos por los que ronronean gatos, brocas y remachadoras. Se cincela, lubrica e inventa; se reparan viejas promesas en talleres de tornamesas y de restauración de muñecas, muñecas que incluso se venden desde un carrito Geli que visita los parques de la demarcación.

Debajo de nubes lacunosus, los hacedores de ilusión tomaron los altos, con sus bombines y palomas, igual que estudiantes de artes circenses que llevan meses sin trabajo, tanto en Eje Central, como en Mixcoac, y acústicos de músicos vecinos se compartieron desde sesiones caseras, como las de Nicolás Santella, Gabriel Puentes e Israel Cupich, cada martes: las Narvarte Sessions.

La radio también ha hecho magia; la NoFM, desde su casa en avenida Eugenia, ha transmitido sin interrupciones y sin miedo al ruido. Por ti y por mí.

Silencio. Me escurro, poco a poco, por las calles en las que creció El Piojo Herrera, para contemplar la que habría de ser una canción de O’Gorman, la Canción a la Patria, totalmente abandonada, como metáfora de nuestras soledades. Hiato en Eje Central, ruta de aviones, que en volandas aturden nuestra realidad y las certezas más cercanas de los sueños. ¿No oyes ladrar los perros? Serenata en la recaudería. Un clarinete se aleja, mientras que los tamales oaxaqueños, ricos, calientitos, se acercan, a la media noche, para desaparecer por una avenida solitaria, hogar de besugos. Las sirenas me arrullan, en tono de copla popular.

*Una despedida al barrio, abril 2021

14 líneas en sonet/o

El testal se prepara para el comal

Old Mexico está detrás del West Central

: el sol nos abrasa y es casi otoño

ai ai ai ai ai ai ai ai ai ai ai

en la sierra de los Mansos y Pira,

Apaches bruma y jumanos búfalo.

Next year at this time I will be here

Sittin’ on the top of the world

bajo una estrella solitaria que

ilumina a 51 ahorcados, yes is it? *

I gave Sam a mañana

en caderamen de Montaña Caballo

¹ página a doble espacio

por el frágil país que me circunda

*El 21 de abril de 1836 fueron condenados a la horca 51 irlandeses que pelearon por la defensa de México en San Jacinto.

**Basado en un ejercicio del poeta Ravi Shankar

MULA, la banda de noise-jazz de Chapinero

Antes de morir, el poeta Chris Cornell declaró que, quizá, la sinceridad es el nuevo punk. La ruptura propuesta por la música de MULA hace honor a su nombre; la mula, como un híbrido o un medio, entre el ruidismo, la electroacústica, el free-jazz y el contrabando de antipoesías sonoras y metal, cuya sinceridad recae en el riesgo que esta agrupación bogotana decide como poética.

Entre la ironía y la provocación, la mezcolanza de MULA incluye sampleos en neerlandés y español, grabaciones de campo, salpicones de recetas de guacamole (“el guacamole sin ají es como hacer el amor sin ganas”), versos del creador de la rasqa, don Edson Velandia, y una suerte de viajes intergalácticos para transportarnos a la era del fin de la razón.

Las distorsiones en el trabajo de MULA reinventan los imaginarios de una serie de instrumentos, como el bajo eléctrico, el saxofón (tenor, alto y barítono), el clarinete, la guitarra eléctrica, la batería y teclados, cuyas intervenciones desfragmentan nuestras obsesiones y ataraxias.   

En el universo de MULA también participan músicos invitados y artistas visuales que hacen que cada elemento de sus ediciones sean coleccionables, por ejemplo, su MULA y MULB, casete de su primera producción, De carga pesada y patada fina (Festina Lente-Matik Matik, 2013), cuyo disco compacto juega con la visión de una TV análoga.

Poco a poco, el ruido visual y estético se encuentra con un curandero sonido, antiséptico y antipruriginoso material, lanzado en 2015, de la mano de Festina Lente Discos; producción compartida con Animales blancos, para dar una pequeña muestra de la labor colaborativa de este grupo de artistas bogotanos que, desde hace tiempo, entendieron que la fórmula radica en la amistad.

Del furor de la mímica corporal de Sobandero, la banda de noise-jazz de Chapinero, da un salto cuántico con resiliente (Matik Matik, 2017), en el que es notorio un homenaje al bajista Humberto Monroy y ese tema tan actual de “Si la guerra es buen negocio, invierte a tus hijos”, contenido En el maravilloso mundo de Ingesón (1968); pero también, como MULA lo sugiere, guiños a la melancolía de Supersilent, Swans, Behemoth, Sonic Youth, José José y Diomedes Díaz. Hay un impasse en el que en colaboración con Poil, agrupación francesa, dio como resultado en 2018 el disco Mula PoiL, para concluir con Matasesos (In-correcto), una suerte de susurros emancipados, anti monárquicos, anti patriarcales, anti estéticos y anti conformistas que, en el mapeo de las bandas de la región latinoamericana, representan un radical y urgente acento para repensar-nos, a contra pelo, desde el baile, sus temblores y las frágiles neurosis sociales que las músicas creativas combaten con su crudeza y sinceridad.

¡Larga vida a MULA!

VISITEN: https://ruidajo.gitlab.io/MULA/

Cartilla (in)moral: ética para perder el rumbo

Ética para perder el rumbo: Cartilla (In)Moral from Andrea Grain on Vimeo.

Videopoema de Andrea Grain Hayton para la colectiva Cartilla (in)moral: ética para perder el rumbo, escrita por una serie de poetas en español, inglés y espanglish; el texto está publicado por tumbalacasa, y disponible para su descarga y reproducción libre desde: http://a-a-g.me/wordpress/wp-content/uploads/2021/03/CartillaInmoral.pdf

Este ejercicio colectivo dio como resultado el siguiente audio, de Natalie Reyes Ampudia, compositora de la música del videopoema. Reúne los nombres de las mujeres asesinadas de 2019 a marzo de 2021, periodo en el que realizamos la Cartilla.

QUIEBRA-ALMAS from narea on Vimeo.

Para mi país de ilotas

Cuestionamientos alrededor de las violencias laborales

Ilota. m. y f. Persona que se halla o se considera desposeída de los derechos de ciudadano.
«La aspiración revolucionaria no tiene sino un problema concebible, siempre: el discurso del amo […] Como revolucionarios, ustedes aspiran a un amo. Y lo tendrán… porque son los ilotas de este régimen.»
— Lacan, 1969

¿Será acaso que cuando les autonombrados hijos de comunismos y exilios asuman sus duelos y defiendan lo público, como el mayor bien de una nación, mi país de ilotas sanará?

¿O cuando defiendan a la clase trabajadora, hagan suya su lucha, y por tanto señalen y subsanen los adeudos históricos del Estado, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando comiencen a enarbolar el derecho a la salud y el derecho de nombrar trabajador a todo trabajador, sin los eufemismos “colaborador” o freelance, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los altos funcionarios dejen de crear y ver guerras en todo intento de diálogo y defensa de derechos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando esos funcionarios sean obligados a vivir con seguros de desempleo de 1500 pesos al mes para pagar servicios básicos, incluida una renta y alimentación, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los funcionarios dejen de sustituir derechos universales con paquetes de salud con nombres como “Fama y salud” y “Comienza tu éxito”, para hacer negocios personales, apoyados por un Estado omiso y mercader, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los trabajadores de un Estado sean pagados a tiempo, cuando el Estado obligue a todo empleador a pagar a tiempo, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando el SAT defienda a los creadores, eximidos del IVA por su actividad, frente a los empleadores que nos obligan a entregárselos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando las burocracias sean transparentes y comiencen por responder correos y solicitudes, porque asumirán que el tiempo de los otros es el tiempo del público-ciudadano (y el respeto al derecho ajeno), mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los movimientos de trabajadores dejen de alabar a funcionarios –trasnochados amos– que los han agredido en el pasado, mi país de ilotas sanará?

¿O cuando artistas/creadores comiencen a entenderse a sí mismos como trabajadores, al igual que el capital humano detrás de ellos?

Repitamos: trabajador/a, soy trabajador/a.

¿Será acaso que cuando podamos establecer axiomas entre trabajadores culturales, burócratas, artistas, sindicalizados y “prestadores de servicios”, que incluyan una prensa ética, mi país de ilotas sanará? Axiomas a partir de un lenguaje que no descalifique ni menosprecie a quienes denuncian. Axiomas de la cooperación.

Me solidarizaré con mis colegas y no los llamaré soberbios o conflictivos sólo por la exigencia de que sus derechos, que son también míos, sean respetados.

Yo, colega con visibilidad pública, acompañaré a mis otros, otras, otres colegas, en la denuncia de sus justas exigencias.

Etc.

¿Será acaso que cuando dejemos de pensar en que seremos incluidos en listas negras por alzar la voz, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando los burócratas de medios mandos dejen de generar listas negras, hostigar y coercionar a los trabajadores, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando reparemos en el Olvido, mi país de ilotas sanará? Olvido, con O. El Olvido que, como escribió Todorov, generan verdugos que se arrogan “el derecho de controlar la selección de elementos que deben ser conservados”.

¿Será acaso que cuando funcionarios dejen de presentarse como “zapatistas, feministas, horizontales, amigues” y asuman la lucha de las clases trabajadoras, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando sororidad signifique no guardar silencio frente al oprobio, hasta la ignominia, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando sororidad sea compañerismo y lealtad, no usar a los otros para fines personales, codiciosos, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando creadores y audiencias se cuestionen por qué consumen medios que abiertamente violan derechos laborales y de expresión, sin condicionar su consumo a que estos reviren o corrijan sus abusos y omisiones, mi país de ilotas sanará?

¿Será acaso que cuando se incentive y fortalezca la organización de una sociedad civil, que demande y vele por sus derechos, mi país sanará porque los ilotas romperán sus cadenas y dejarán solos a sus amos?

Hoy la disidencia es asumirse sociedad civil.

Estos son algunos cuestionamientos que durante la antropausa 2020 pienso, aunque comenzaron a visibilizarse desde diciembre 2018, a partir del fracaso administrativo en las políticas laborales, con las retenciones salariales y de contratación de los trabajadores de cultura de todo el país, sin rendición de cuentas.[1]

Desde la entrada de la actual administración, muchos argumentos fueron expresados por los titulares: la corrupción previa, la desaparición de recursos,[2] hasta el planteamiento arquetípico de una lucha entre buenos y malos que no querían pagar impuestos y ocasionaban la falta de dinero en la Ciudad, etc., pero siempre en agradecimiento al “ponerse la camiseta” de los trabajadores, sin reformar la estructura ni reparar los daños.

Son de conocimiento público las protestas, en 2019, de movimientos de trabajadores y sus demandas frente a Bellas Artes (marzo) y Palacio Nacional (diciembre), por citar sólo algunas, pero la cohesión entre estos ha sido compleja. A nivel nacional ha tenido impacto, pero en el local ha sido menor.

El 15 de febrero de 2020 se llevó a cabo el Primer parlamento cultural de la CDMX, donde medianamente se expusieron las violencias laborales ejercidas por la Secretaría de Cultura de la ciudad, en una simulación de democracia participativa, pues de nueva cuenta las autoridades preservan sus adeudos este 2020, nombrado “Año de los trabajadores de la cultura”, y peor aún, pretenden ejercer el control de medios, convirtiéndolos en brazos propagandísticos e incluso proponiendo al poder judicial en sus mesas de editorialización, etc.[3]

Si este es el Año de los trabajadores de la cultura, y además, como ha declarado nuestro Presidente, el neoliberalismo no existe más, ¿por qué los trabajadores culturales adolecemos de contratos dignos en el sector gubernamental, con prestaciones de ley, pagos en tiempo y reconocimiento de relación laboral? ¿Por qué ex trabajadores nos encontramos entablando demandas tras despidos arteros, para que diversas Secretarías reconozcan y restituyan nuestras figuras laborales? ¿Dónde está la Secretaría del Trabajo? ¿Por qué las y los Secretarios de Cultura no defienden a sus trabajadores? ¿Por qué las y los Secretarios de Cultura se niegan a reconocer a quienes generamos y ejecutamos las ideas y proyectos con los que se regocijan en informes de gobierno? Durante el Primer parlamento cultural de la CDMX, Hebe Rosell tomó el micrófono para cantar un largo grito, adolorido, maltrecho, en nombre de les artistas ausentes en aquel recinto, el Museo de la Ciudad de México, grito que sigue resonando como protesta ante la indiferencia y explotación de los derechos culturales civiles.

Notas

  1. Para más información sobre la continua violencia laboral de parte del INBAL ver: Alida Piñón, “Artistas llevan 8 meses sin pago de Cultura CDMX”, El Universal, 27 de noviembre de 2019, Sección Cultura; disponible aquí; y “Protestan trabajadores del INBAL por falta de pagos”, La Jornada, 3 de noviembre de 2020, Sección Cultura; disponible aquí.
  2. Erika P. Bucio, “Exigen músicos que cumplan con promesas de retiro”, Reforma, 3 de marzo de 2020; disponible únicamente con suscripción al periódico aquí.
  3. Al respecto, se puede consultar una serie de pronunciamientos de la AMEDI, ante la inconstitucionalidad que representa la aún opaca Ley del Sistema Público de Radiodifusión de la CDMX.

Questions Surrounding Workplace Violence

Helot. A person who is or is considered to be deprived of the rights of citizenship.
“[…] revolutionary aspiration has only one possible way of ending, only one: always with the discourse of the Master, as experience has already shown. What you aspire to as revolutionaries is a Master. You shall have one! […] Because you play the role of serfs in this regime.”
— Lacan, 1969

Could it be that when the self-appointed children of communism and exile take up their duels and defend the public, as the greatest good of a nation, my country of helots will heal?

Or when they defend the working class, make their struggle their own, and therefore point out and rectify the historical debts of the State, will my country of helots will heal?

Could it be that when they begin to assert the right to healthcare and the right to appoint every worker as a worker, without the euphemisms “collaborator” or freelancer, my country of helots will heal?

Could it be that when the high officials stop creating and seeing wars in every attempt of dialogue and defense of rights, my country of helots will heal?

Could it be that when these officials are forced to survive with an unemployment insurance of 1500 pesos a month to pay for basic services, including rent and food, my country of helots will heal?

Could it be that when officials stop substituting universal rights with health packages with names like “Fame and Health” and “Start Your Success”, to do personal business, supported by a disregarded state and merchant, my country of helots will heal?

Could it be that when the workers of the State are paid on time, when the State forces every employer to pay on time, my country of helots will heal?

Could it be that when the SAT (public system for tax collection in Mexico) defends the creators, exempt taxes for their activities, against the employers who force us to hand them over, my country of helots will heal?

Could it be that when bureaucracies are transparent and begin to respond to emails and requests, because they assume that the time of others is the time of the public-citizen (and respect for the rights of others), my country of helots will heal?

Could it be that when the workers’ movements stop praising officials —late masters— who have attacked them in the past, my country of helots will heal?

Or when artists/creators begin to understand themselves as workers, as well as the human capital behind them?

Let’s repeat: worker, I am a worker.

Could it be that when we can establish axioms among cultural workers, bureaucrats, artists, unionists and “service providers”, including an ethical press, my country of helots will heal?

Axioms from a language that does not disqualify or belittle those who denounce. Axioms of cooperation.

I will be in solidarity with my colleagues and will not call them arrogant or conflictive just because of the demand that their rights, which are also mine, are respected.

I, a colleague with public visibility, will accompany my other colleagues in denouncing their just demands.

Etc…

Could it be that when we stop thinking about being blacklisted for speaking out, my country of helots will heal?

Could it be that when the media bureaucrats stop blacklisting, harassing and coercing the workers, my country of helots will heal?

Could it be that when we look into oblivion, my country of helots will heal? Oblivion, with O. Oblivion that, as Todorov wrote, generates executioners who arrogate to themselves “the right to control the selection of elements that must be conserved.”

Could it be that when officials stop presenting themselves as “Zapatistas, feminists, horizontals, friends” and take on the struggle of the working classes, my country of helots will heal?

Could it be that when sorority means not keeping silent in the face of opprobrium, even ignominy, my country of helots will heal?

Could it be that when sorority is companionship and loyalty, not using others for personal, greedy purposes, my country of helots will heal?

Could it be that when creators and audiences question why they consume media that openly violates labor and expression rights, without conditioning their consumption to reversing or correcting their abuses and omissions, my country of helots will heal?

Could it be that when the organization of a civil society, which demands and watches over public-citizen rights, is encouraged and strengthened, my country will heal because the helots will break their chains and leave their masters alone?

Today, dissidence is assuming civil society.

These are some of the questions that I am thinking about during the anthropause 2020, although they began to become visible in December 2018, due to the administrative failure in labor policies, with the withholding of salaries and the hiring of cultural workers from all over the country, without accountability.[1]

Since the entry of the current administration, many arguments were expressed by the headlines: previous corruption, the disappearance of resources,[2] to the archetypal approach of a struggle between good and bad who did not want to pay taxes and caused the lack of money in the City, etc., but always in appreciation of the wearing the workers’ colors, without reforming the structure or repairing the damage. The 2019 protests by workers’ movements and their demands in front of the Fine Arts Museum (March) and National Palace (December), to name just a few, are public knowledge, but the cohesion between them has been complex. At a national level it has had an impact, but at a local level it has been less.

On February 15, 2020, the first cultural parliament of Mexico City took place, where the labor violence exercised by the Ministry of Culture of the city were exposed in a simulation of participatory democracy, because once again the authorities are preserving their debts this 2020, named “Year of the Cultural Workers”, and worse, they intend to exercise control over the media, turning them into propaganda weapons and even proposing to the judiciary in their editorialization tables, etc.[3]

If this is the Year of Cultural Workers, and furthermore, as our President has declared, neoliberalism no longer exists, why do we, cultural workers, agonize over decent contracts in the government sector, with statutory benefits, payment on time and recognition of employment relationships? Why do ex-workers find themselves filing lawsuits after being fired, so that various Ministries can recognize and restore our labor figures? Where is the Ministry of Labor? Why don’t the Ministries of Culture defend their workers? Why do the Ministries of Culture refuse to recognize those of us who generate and execute the ideas and projects they rejoice in government reports? During the First Cultural Parliament of Mexico City, Hebe Rosell took the microphone to sing a long, sore, battered cry on behalf of the artists absent from that venue, the Mexico City Museum, a cry that continues to resonate as a protest against the indifference and exploitation of civil cultural rights.

Notes

  1. For more information on INBAL’s ongoing workplace violence see: Alida Piñón, “Artistas llevan 8 meses sin pago de Cultura CDMX”, El Universal, November 27, 2019, Culture Section; available here; and “Protestan trabajadores del INBAL por falta de pagos”, La Jornada, 3 de noviembre de 2020, Sección Cultura; available here.
  2. Erika P. Bucio, “Demigen músicos que cumplir con promesas de retiro”, Reforma, March 3, 2020; available here only with newspaper subscription.
  3. In this regard, a series of pronouncements of the AMEDI (Mexican State News Agency for its acronym in Spanish) can be consulted here in the face of the unconstitutionality represented by the still opaque Law of the Public Broadcasting System of CDMX.

Publicado en Terremoto: https://terremoto.mx/online/cuestionamientos-alrededor-de-las-violencias-laborales-que-no-cesan/

Jam de Morras en Cuba 60

Noviembre, 2020

El 03 de octubre a las 18 hrs. nos encontramos la contrabajista Adriana Camacho, la guitarrista Alda Arita y yo, con la baterista Andrea Cravioto, en las puertas de Cuba 60, instalaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, hoy albergue y altar okupa, dedicado a mujeres víctimas de violencia sistemática en México. Arriba conocí a Elizabeth Piña, saxofonista; tanto ella, como Cravioto, son fundadoras del Jam de morras, colectivo que nos invitó a tocar y leer poesía desde los balcones de la oficina de la directora de la CNDH, Rosario Ibarra de Piedra, cuyo calendario quedó detenido en marzo de 2020.

Accedimos con los protocolos que el conocido Bloque Negro estableció para resguardo general: toma de temperatura y gel antibacterial. Lo más visible, además de las compañeras vestidas de negro de pies a cabeza, los niños en andaderas, el clima comunitario y al mismo tiempo sobrio, fueron las pintas en las paredes de todo el edificio, en una de ellas se lee, como si un poema autoreferencial —y universal— de María Sabina versara: Yo soy música/ Yo soy arte/ Yo soy creatividad/ Yo soy bondad/ Yo soy inteligencia/ Yo soy furia/ Yo soy felicidad/ Yo soy vida, junto al símbolo de anarquía.

Esa noche, también visitaban el espacio Alaíde, cantante y compositora, nieta de la aún desaparecida Alaíde Foppa, quien se encuentra realizando un documental sobre la toma de la CNDH, así como Tania Elis, junto a su papá, la estudiante de la UNAM que desgarradoramente tuvo que pasar semanas en Santiaguito (prisión de la que escribí hace algunos meses en este medio), por tomar un cubículo de la universidad. Además del set de Adriana Camacho, Alda Arita y yo, tocaron Planta un árbol, Aletia Gc y Sofía Hex, para al final generar una jamJam significa confluencia, y el free jazz y la poesía son trincheras que apuestan por el gozo de la diversidad.

El free jazz es un manifiesto/expresión anticapitalista, regido por un único principio: la comunión. En las estructuras que hoy conocemos y vivimos, el trabajo en equipo y la empatía son enemigos y palabras inconcebibles (más que para la generación de materia primera a la venta). El jazz y el free jazz como expresiones, al igual que la poesía, que a contra corriente guardan el potencial de la transgresión, por el simple hecho de invitar a la correspondencia. ¿Por qué, además, una jam como la acontecida el 03 de octubre es aún más significativa en la toma de un edificio institucional?

En un país que ha sido reducido al abandono de la pobreza, a la insolidaridad, y en donde nos han hecho creer que no tenemos poder alguno sobre el sistema hegemónico impuesto, que se recicla de partido en partido, que transita en la elasticidad de la conveniencia, donde se nos quiere relegar a la melancolía, y a esa tristeza que hoy se ve en las calles… cantar y bailar en el espacio público representa un logro, una celebración ciudadana, en principio, pues nos pone en la mira la indignación porque nuestros vecinos no tengan comida, no sepan leer, soporten trabajos precarios, el desprecio de las autoridades, la desaparición de madres, hermanas y amigas, los asesinatos de nuestras mujeres, dejándonos como pregunta central: ¿es tan ingenuo apostar la batalla en nosotras mismas?, ¿o deberíamos vivir con el precepto de que no podemos realizar nuestros sueños? Jamás. Como las líneas dictan en otra de las paredes principales de la okupa: no se debe lucrar con el dolor.

Escribir en los muros es transmitir pliegos petitorios; un graffiti nunca debe ser relegado en la lectura de un movimiento civil, desde la demostración de un orgullo y dignidad de costumbre: «Heroicas e históricas».

¿Qué podemos hacer alguien como tú y como yo? Me preguntaba alguien hace pocos días: apoyar pequeñas acciones que refuercen la autonomía de la sociedad civil, de organizaciones, de individuos. Es una sumatoria: tiempo de hormigas. Que muera el odio, que viva el amorcito.

Este es uno de los poemas que canté/leí junto a Adriana Camacho y Alda Arita, una respuesta a una falogocentrista cartilla moral:

¡Matria! ¡Matria! La ciudadanía jura
no infringir el dolor en tus aras,
si el tambor con su digno acento
nos convoca a transparentar con valor.

¡Para ti la esperanza vigía!
¡Un rehilete para todos de gozo!
¡La alegría para ti por valiente!
¡Y el desahucio para ilotas sin honor!

Tendrán tus ojos el calor de un invierno y nuestras miradas harán posible el encuentro de los seres sintientes, que será lo más justo, lo más pleno, dando tiempo a que se remansen las aguas, para que nos reconozcamos. Así nuestros cuerpos disfrutarán de lo que elijan: ser estrella o arena. Tenemos algo de común con las piedras, sí. El yeso, los huesos, la devoción y la furia en el centro con la que cristalizamos como la valentía, contra quienes nos quieren sin cadencias, sin cielo, los que nos quieren sin dicha, sin palabras, sin el aire. Pues bien: en torno a este círculo de lenguajes nuestros ojos tendrán el calor del invierno para llamarnos Duda, Entrega, Caudal. Un caudal en mitad del desierto que será esa lucecita que nos han dado las hermanas Respiro, Conjuro, Yo soy yoYo soy mía; las hermanas Bruja, Innombrables; hermanas Garganta, Claridad, Risa reunida en nuestras miradas: la entropía. Así que cojamos entre las piernas lo que deba sostenerse, con el ahínco, en el acorde y sus veintiún consonantes para ser las Fronteras-rehilete entre la gula del tiempo, la templanza de la cama, la pereza de oradores de la condición humana, la verdad cuando los tótem se derrumban, la paciencia, melodía de mujer, la generosidad al goce y la inhóspita humildad.

Tras meses de peticiones de entrevistas, de plantones frente a Palacio Nacional, de años de búsquedas y exigencias, la toma se realizó sin que las autoridades hayan dado, al día de hoy, atención oportuna. Actualmente, en el edificio, además de familiares de víctimas, hay adolescentes y mujeres sin hogar, que acudieron a solicitar asilo tras enterarse de que el edificio se activó como un refugio.

Publicado en GASTV: http://gastv.mx/jam-de-morras-por-zazil-collins/

74 días

Some truths come as a side effect of disbelief. 

Nate Wooley

Life is a simple mess. Decenas de ciervos descansan bajo los cerezos en flor en Japón. En Yucatán, apedrean lechuzas; creen que anuncian la muerte. Médicos Sin Fronteras informó: “Vinieron a matar a las madres”, desde Kabul. Un niño de 13 años fue torturado y asesinado en Ecatepec; uno de 7, en Calimaya. 308 mujeres han sido víctimas de feminicidio en mi país, entre enero y abril de 2020; aún no hay cifras sobre mayo. Al sur, familias cuelgan pañuelos rojos afuera de sus casas, en señal de hambre. El amor de mi vida me pidió dejarlo ir. You will need to go out of me. Decidió no luchar a mi lado. Mi dúo Coyote; mi faro. Busca otro corazón. Tres médicos fueron, además, asesinados en Morelos, en un asalto. A otros tantos, sus vecinos los expulsaron de sus edificios; enfermeras han sido golpeadas y atacadas con cloro en las calles; sus hogares incendiados. Escuché The great gig in the sky por días; luego, me acompañaron Moby, Lee Konitz, Tina Turner y John Coltrane. Después, el silencio. Mi mejor amigo falleció el 7 de mayo, a las 7 de la tarde. Tras vestir de blanco, pasé nueve días en oscuridad. El cometa SWAN transitó sobre nosotros. Vi dos superlunas. Cada 3 a.m. escuché a un vecino roncar y a la portera hablándole a sus gatos. La casa contigua pasó 45 días en construcción, tirando paredes y cincelando mis oídos, mañana y tarde, mañana y tarde. #911. A unas cuadras, personal sanitario cerró una avenida y entró en huelga por falta de protección y salarios. Un médico gana entre 340 y 600 dólares al mes. Los ecos de Bertolt Brecht regresan: O todos o ninguno. O todo o nada./ Uno sólo no puede salvarse. Desde el décimo día de contingencia, perdí el sueño; me levanté a las 3:30 a.m. a hervir agua y picar jengibre y manzanilla. ¿Qué es día y noche? Comenzó a escucharse una marea de sirenas, una máquina vibrando en algún piso cercano, patrullas y ambulancias, patrullas y ambulancias, todas las madrugadas, hasta amanecer. Los sonidos se amplificaron. Según la radio, a medida que envejecemos producimos menos lágrimas. Entonces, ¿cuándo acabará este llanto diario? Your hearts are full again! Me asevera Duolingo cada mañana, pero yo estoy rota. Tengo espanto [visible ataque al estado general-falta de apetito-decaimiento-tendencia a sentarse o acostarse en lugares donde se puede recibir sol-frío en las extremidades-somnolencia-tendencia a dormir muchas horas-inquietud en la vigilia y en el sueño-insomnio-palidez-tristeza-angustia-hipersensibilidad en el trato con terceros-esfuerzo al caminar-temor a los sueños en los que se repiten estereotipos amenazadores-ataques repentinos de “locura”-fiebres leves-dolores en el “corazón”]. Sí, me duele el corazón. Deja este país, deja este país cuando puedas, me pidió mi papá en un cumpleaños; sigo preguntándome cuál es la tierra para quien se siente forastero, dónde es propicia una puerta que abra y cierre: un hogar, a home, a haus, o una piel donde hamacar, cuando el refugio es una isla. Los poetas no tienen casa porque su casa se la dan a otros en forma de palabras, escribió Jair Cortés. El 3 de mayo salí al mercado; me encontré con que el edificio donde me resguardé con algunos conocidos un par de horas después del terremoto del 19 de septiembre de 2017 está siendo derrumbado. Estado de alerta. Lento y triste. Lento y grave. Lento y doloroso, como Gimnopedia de Satie. Acuno. Una amiga me leyó las cartas: debo concentrarme en mi lado de sombra. Soy esa mujer en dunas empujando un pedacito del sol sobre de sí. ¿Es este mi hogar, tejas donde día y noche encuentran su constelación? Cerradura. El paso cenital ocurrió el 16 de mayo, a las 13:33 horas; desde luego, no lo vi. Escucho una gota constante cayendo en el lavabo, como en el hidrante de Juan Rulfo. Salve et coagula. Reescribir. ¿Cuál es el salto que no doy? Me pregunto desde 2001. La Muerta voz me susurra. Tuve una conversación metafísica sobre vidas pasadas; ¿karma, pensamiento mágico o bien común? Incredulidad. Mi mejor amiga vive entre andamios, perdida. If you are not the free person you want to be, you must find a place for tell the true about that, releo a Anne Carson. Estamos condenados al retorno. Völuspá. Hogar es punto y ritmo. ¿Cómo ser un bodhisatva si no supe cuidar mi corazón? Urano estuvo en Tauro. Venus retrógrado. Intenté hornear pan, ¿quién no? Comencé a sintonizar canales de tarot en YouTube: Tarot del girasol, Punto intuitivo, Azul Azulia, Blue Tarot, Cordelia, Llamas gemelas, Soraya, elige tu destino, Mar & Prosa, Aranais, Capilove… Me ayudaron a conciliar el sueño y astralizar mis noches; sin alivio. Ofrendé velas a la luna, sobre un camino de conchas de mar, y vino del Valle de Guadalupe. Recé a una piedra-runa blanca que encontré en Manzanillo, hace un año, para resguardar el amor de quien amo. Recé, recé, recé. Rezar no sirve de nada; aun así me anudé tres veces una Fita do Bonfim con deseos que quiero cumplir cuando el tiempo la destruya. Parece indestructible. Me la obsequiaron el día del funeral de mi mejor amigo, el hermano que no tuve. Como el reflejo de a quien le amputan un dedo, ahora río sola pensando en lo que nos haría reír a ambos. Cumulus nimbus. El 21 de mayo volví a cantar. Esto no es un diario. El saqueo del oro continúa en Zacatecas. Ecocidio. Dos activistas más han sido asesinados. Se registró la influencia directa de Júpiter y luna nueva en Géminis. Inició la temporada de eclipses. Cada hora, 155 mexicanas han sido violentadas desde el confinamiento. Cuenta hasta diez. Llevo dos meses sin percibir un sueldo. A partir del 12 de mayo y hasta el 27 de marzo de 2024, el ejército podrá realizar tareas de seguridad pública en todo el territorio nacional. No puedo respirar. Una amiga en Suecia organizó conmigo un paseo por el bosque; no alcancé a oler el verde, pero comí fresas al camino. A 74 días entre linderos, mi consuelo es que siempre habrá días más oscuros, pero para no dejar de luchar, debemos dar amor; amor para romper este aislamiento; ternura, aunque nos aterre. Resistiremos a través de la empatía y ese ensamble de improvisación perenne que es cohabitarnos; no importa desde qué continente o asimetría. Forjar hogares donde se cuide al corazón; hogares piel. Comunidades de cuidado, menciona Judith Butler. Decir te amo, te quiero,

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te reconozco, con voluntad fuerte, sin semblante: el salto que no me atrevía a dar. La verdadera desgracia es no amar, resuena Camus en mi cabeza. A 74 días, aprendí que quien te ama no soltará tu mano en esta constante búsqueda, que es la vida, por compartir soledades. El amor de mi vida se retiró; viejas y nuevas amistades emergieron  para estar y crear. La rueda de la fortuna. No será fácil romper los límites, ¿cuándo lo ha sido? Mishmash.

Zazil Alaíde Collins

Mayo 31 de 2020

Para Visible Binary

De ‘Omen’

La vida comenzó en los ojos de la tortuga
en su rostro adusto
y en mis manos de gorila
mis manos de gorila
blancas
como el blanco del primer poema
como una muerte casi cierta
entre el templo y los colmillos
: pupilas y dentadas

Devano
canevo el ovillo en el bejuco
engarzo su hilo invisible
entre claveles y vincas
durante 7, 200 años de neblina

en los que todas las brujas dirán lo mismo
que la estrella clandestina
al tambor del caparazón
abrirá en los montes
de las gargantas
la señal del destello

y mis manos de gorila
al ritmo negro de la poesía
serán un puño para el silencio
como el blanco del primer poema
como una muerte casi cierta
en el tragaluz pineal de la tortuga
que sostiene este mundo

Life began in the eyes of the turtle
in its grim face
and in my gorilla hands
my gorilla’s hands
white
like the white of the first poem
like an almost certain death
between the temple and the fangs
: pupils and dentition

I spin
I canvasneedle* the skein in the vine
I seam its invisible thread
between carnations and vincas
during 7, 200 years of haze

in which all witches will say the same
that the clandestine star
to the carapace drum
will open in the mounts
of the throats
the exile signal

and my gorilla hands
to the black swing of poetry
will be a fist for silence
like the white of the first poem
like an almost certain death
in the pineal skylight of the turtle
that holds this world on

Zazil Alaíde Collins