[RESPUESTA A UNA FALOGOCENTRISTA CARTILLA MORAL] Entropía

Tendrán tus ojos el calor de un invierno y nuestras miradas harán posible el encuentro de los seres sintientes, que será lo más justo, lo más pleno, dando tiempo a que se remansen las aguas, para que nos reconozcamos. Así nuestros cuerpos disfrutarán de lo que elijan: ser estrella o arena. Tenemos algo de común con las piedras, sí. El yeso, los huesos, la devoción y la furia en el centro con la que cristalizamos como la valentía, contra quienes nos quieren sin cadencias, sin cielo, los que nos quieren sin dicha, sin palabras, sin el aire. Pues bien: en torno a este círculo de lenguajes nuestros ojos tendrán el calor del invierno para llamarnos Duda, Entrega, Caudal. Un caudal en mitad del desierto que será esa lucecita que nos han dado las hermanas Respiro, Conjuro, Yo soy yo, Yo soy mía; las hermanas Garganta, Claridad, Risa reunida en nuestras miradas: la entropía. Así que cojamos entre las piernas lo que deba sostenerse, con el ahínco, en el acorde y sus veintiún consonantes para ser las Fronteras-rehilete entre la gula del tiempo, la templanza de la cama, la pereza de oradores de la condición humana, la verdad cuando los tótems se derrumban, la paciencia, melodía de mujer, la generosidad al goce y la inhóspita humildad.

Comunicado

A LA AUDIENCIA DE CÓDIGO CIUDAD DE MÉXICO Y PÚBLICO EN GENERAL
 
 
El día miércoles 22 de enero, tras volver de mis vacaciones, me presenté de forma habitual en mi trabajo. En un principio, no entendí por qué uno de los compañeros se sorprendió por verme. Ahora cuestiono que la notificación de mi despido la conocieran otros antes que yo, y que además se tomara mientras me encontré ausente por periodo vacacional.

Tras informar el bloqueo del acceso a la red, y por tanto a mi función, sin la menor formalidad, Gabriela Lemus, encargada de la estación, se paró a la entrada de la puerta de mi oficina para informarme mi despido como programadora musical y salida del aire de la serie radiofónica que conduzco desde hace más de siete años: Balalaika; todo de forma abrupta, sin darme tiempo para buscar otra opción laboral y teniendo que cancelar la agenda de grabaciones que ya tenía pactada, pues a finales de noviembre del 2019 se nos informó que el proyecto de Código, así como todas las plazas, no corrían peligro alguno, ya que el Secretario de Cultura Alfonso Suárez del Real estaba comprometido a defenderlo. Al pedir una notificación escrita, me argumentó que ésta debía dármela su superior, el Coordinador de Difusión y Promoción Cultural, Raúl Carbajal Rojas, quien decidió, según palabras suyas, mi salida del equipo. Igualmente, aclaró que se me pagaría el mes de enero, aunque al día de hoy ningún trabajador haya firmado contrato (así se ha actuado, pidiendo de forma ilegal a los trabajadores que se presenten a laborar sin haber firmado contratos). Desentendiéndose de cómo y cuándo se me pagaría, me aconsejó asistir a las instalaciones de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México a preguntar.

El día jueves 23 acudí con la enlace administrativo, Fanny Manrique, quien me informó que se me dará un contrato de un mes para poder cobrar enero, quizá el 30 de enero, y se me pagaría, quizá a finales de febrero, sin ningún tipo de liquidación. Posteriormente, solicité hablar con el coordinador del área, quien me informó que “no se me despide, tan sólo no se me renueva contrato”, obviando mi antigüedad, y amparado en la forma de engañosa contratación que ha ejercido por años el gobierno de la Ciudad de México; se negó a darme una notificación escrita que sustente por qué se me escogió como parte de las decisiones que tanto lamentan ejecutar, sin reconocer que he sido una trabajadora ejemplar por ocho años. Otros programas estaban en la cuerda floja, se me dijo, pero los lograron salvar; el mío no. Se me argumenta una baja en los índices de audiencia, cuando nunca se me entregaron previamente (jamás han sido comunicados, y son manejados bajo opacidad), tras un cambio de horario, errores de producción, con la suspensión por meses de su versión podcast, y luego de que hice público que dejaría de grabar las usuales sesiones acústicas en protesta a los retrasos de pago de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México ejercidos desde diciembre de 2018, y frente a la ausencia de la básica difusión en redes sociales digna para los grupos y músicos que invitaba; debe saberse que por meses la estación ha presentado fallas para sintonizarse, y en muchas ocasiones era imposible escuchar su programación, ni obtener la información mínima de cada pista musical programada que, por respeto a los derechos de autor, debe publicarse, entre otros. ¿Exigir profesionalismo es volverse incómodo? La represalia es evidente.

Sirva este comunicado como agradecimiento a quienes sintonizaron la emisión durante poco más de siete años (octubre de 2012 a enero 2020), a quienes aceptaron grabar acústicos en Balalaika, incluso cuando las condiciones se tornaron sumamente precarias, a quienes me donaron su material para ser introducido a la audioteca de la estación; programadores y disqueras que mantuvieron un contacto constante durante el tiempo que laboré en Código DF/CDMX, y sirva también como denuncia de una violación sistemática a mis derechos laborales y culturales, ejercida por una gerencia y jefatura que desde la misoginia y el abuso se opusieron desde el primer momento a mi contratación, argumentando mi “sobrecalificación” y deteniendo cualquier esfuerzo o propuestas de cambios y crecimiento en el área a la que me inscribía: Programación musical. Me respalda mi profesionalismo y los resultados: dos premios de la industria musical independiente a la labor curatorial de la estación y la re transmisión, durante un par de temporadas, de mi programa en otro sistema de radiodifusión nacional: CORTV Oaxaca, entre otros.

Se me argumenta también que un programa como el mío no sería relevante en la transformación de la estación al ser parte del nuevo sistema de radiodifusión de la Ciudad, puesto que esta programación ya no será de corte cultural, necesariamente. Al ser el único programa de la barra de la estación dedicado a grabar sesiones acústicas en torno a la exploración de sonidos, improvisación, músicas creativas y free jazz, así como músicas del mundo, me pregunto irónicamente sobre la calidad y lineamientos en política cultural que la hoy bautizada capital cultural de América ejercerá bajo funcionarios   sin   carrera   en   la   administración   y  políticas   públicas   que   logren

dimensionar el valor real de las artes, sobretodo de la música, en este caso. Lamento, como he expresado en reiteradas ocasiones, el silencio consentido de mis colegas dentro de la Secretaría, pues ser parte de la función pública nos exige responsabilidades éticas que no están a negociación de entes partidistas. Sostener este axioma es exigencia en una transformación.

El motivo de mi resistencia en un medio laboral hostil fue siempre mi compromiso y amor a mi trabajo; a contra corriente, siempre lo comuniqué a superiores, quienes pese a su buena voluntad, desconocían el funcionamiento y operación de un medio tan noble como la radio, y poco hicieron para sanear la dinámica interna y censora de la estación, que además no cuenta con una defensoría de audiencias.

Desde hace años, la estación tampoco cuenta con una jefatura de producción; ahora no cuenta con jefatura de contenidos ni de información, ni un ingeniero, ni planta de luz ni servidor propio, así que se ha navegado con la precariedad, y la falta de reconocimiento institucional que, hoy día, es visible en un nuevo recorte presupuestal y el desmantelamiento de este proyecto radiofónico. Las audiencias pierden; los creadores también.

Para terminar, pregunto: ¿por qué la exclusión de voces críticas que quieren tender puentes para mejorar y sacar a flote la crisis en la que el país se encuentra? No debería optarse por restar, sino por sumar experiencias y conocimientos. Confío en que la sensibilidad de mandos altos en la Ciudad de México encause estos ejercicios antidemocráticos y reconozcan los daños causados a los trabajadores.

Ha sido un privilegio colaborar con tantos artistas y transmitir a distintas audiencias músicas que no se han replicado en alguna otra estación mexicana. Nos escucharemos pronto,
 
 
en amistad,
 
Zazil Collins
27 de enero de 2020
 
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Formas interdisciplinarias de escribir y cuidar

APUNTES PARA EL ENCUENTRO ESCRITORAS Y CUIDADOS

Quiero arrancar mi participación a partir de “la escritura de mujeres como un espacio político, generador de nuevas narrativas y de mecanismos de cuidado”, pues es un espacio que hemos tomado, muy a pesar de pesares, para transformar la casa y abrir bocas. Esto último en referencia a ese dicho popular de “a guardar la casa y cerrar la boca”, que muy bien argumenta Clara Janés en un libro homónimo, que sentenciaba que la labor de las mujeres era la del cuidado del hogar, en silencio, siempre en silencio. A lo largo de la historia, la escritura de las mujeres se ha adaptado siempre, como en todos los procesos de asimilaciones culturales y sociales, del anonimato, a los sobrenombres, de los interiores de las cocinas y recónditas recámaras de hacinamiento a ágoras, espacios abiertos y propios, en los que la voz y el sonido, no sólo la escritura gráfica-alfabética, han cobrado dimensión.

“Las mujeres que cuando cantan” es un poema de María Paz Guerrero, poeta colombiana, que engloba la fuerza que la voz de una mujer representa en páramos y llanos, y cómo las manos y las gargantas sostienen nuestro mundo. Y es un poema que adquirió espacialidad gracias a Lucía Pulido y Cerrero, cantante y músicos colombianos, y que escuchamos de fondo en algún momento en este espacio, como parte de una lista musical que he curado para este encuentro.

La voz y la poesía siempre han estado unidas, pues sabemos-intuimos que el primer poema de la historia de la humanidad fue una nana, una canción de cuna, en la voz de una mujer: la poesía-arrullo que quiso imitar la vida y la naturaleza de los pájaros, del viento. La poesía-arrullo que surge de gargantas, muy cerca del corazón, porque la voz-el habla-lalengua bombea y nos conecta directamente con nuestras emociones. Ahí comenzamos a crear identidades, mitos, a reconocernos, a bordearnos.

Es precisamente ese borde de sentidos, emociones e ideas el que nos posibilita la creación y la escucha. A veces nos limita, pero también nos reta a ir más allá, a cruzar y descubrir. Como programadora musical, locutora y guionista radiofónica, labor conjunta que comencé hace casi 13 años, constantemente me han preguntado por su relación con la poesía, y más allá por la ciencia política, una carrera que exploré algún tiempo para luego decidir que lo que quería estudiar era literatura, por su acercamiento con el discurso, en general. Pues bien, para mí, todo está relacionado. Hacer radio está ligado a la literatura porque la música es una narración, una narrativa de la vida cotidiana y su sinergia, pues la música –como la radio– es la red de este momento, donde confluyen inquietudes, cuestionamientos y goce, siempre en colectividad. Pienso en la curaduría musical como un reflejo de las identidades del país que habitamos, pero que a la vez transforme la vida de sus habitantes, dándole así un espacio especial a las llamadas “músicas creativas”, cuya ética musical está basada en las libertades ciudadanas y la contra corriente, desde luego, de los discursos oficiales, pues su contenido objeto es cultural, artístico o patrimonial; músicas que también provoquen la imaginación de los escuchas y que tejan comunidad, que cuestionen, que al mismo tiempo hagan bailar y cantar. Desde luego, pongo especial atención a las líricas, puesto que mi formación como literata y como escritora me ha sensibilizado, quizá, más a ello. Y esto es lo que yo relaciono directamente con lo político, como un espacio de generación de cuestionamientos, discusión y toma de decisiones en el que se incentiva la libertad de pensamiento, creación, expresión y de asociación. Y dedicarse a escuchar el contenido de cada pieza musical que se enlazará a otra canción sucesivamente para ser escuchada por públicos diversos, según horarios y días, es mi forma profesional de cuidar. Imaginar que a alguien del otro lado le resonará la letra de una canción, o la forma de interpretar un contrabajo o un solo de batería, por decir, es de las cosas que mayor placer me provocan. Desde luego, colaborar en la difusión del trabajo de cientos o miles de creadores, a la par. Creo en la palabra como arma política, creo en el arte como arma política. Sí, como escribió Gabriel Celaya: la poesía es un arma cargada de futuro. Y por ello también escribo. Escribo con la ilusión de que la poesía –la palabra-lalengua– sea un arma cargada de colectivización. Creo en la lectura particular, singular, a solas, como proceso natural de interiorización, en que somos agentes en soledad, en que a partir del entendimiento de nuestras soledades llegaremos a esa comprensión, la generación de puentes de diálogo para encontrar los caminos que hagan que nuestras soledades sean soledades comunes. La radio es el medio más noble, junto a la poesía, que conozco para ello; la radio es además un mecanismo de acción directa, que resuena. La forma en la que he decidido cuidar es a través de la generación de colectividad. Y es la forma en la que me cuido también, pues la música es mi salvación, en  todo sentido, desde que tengo consciencia.  

Ahora quiero mencionar, a partir de los cuestionamientos generales que nos dieron nuestras cuidadoras para la mesa de hoy, los sesgos de género, y temas como la gestión de tiempo, dinero y decisiones de escritura que he aprendido a tomar.

En todos los  trabajos que he realizado en esta área profesional radiofónica siempre he recibido menos dinero que el resto de mis compañeros o colegas hombres, en el ámbito privado y público. Siempre estos actores lo han sabido y lo han consentido, lo mismo que quienes han fungido como patrones o jefes, incluso jefas. Y desde luego, siempre he sido un personaje non grato al exhibir esta situación entre jefes y compañeros, lo que me lleva a denunciar que existe un sesgo de género en el mundo radiofónico. Lo que sí me ha dado siempre este trabajo es la posibilidad de decidir sobre mi tiempo, y con ello he logrado un balance con mi trabajo de creación literaria, y permeando –eso intento– mi obra a la escucha-objetivación, en primera posición. Pero es necesario volver y centrarnos en el punto del dinero, las formas de subcontratación a las que todos, incluidos hombres, estamos inmersos en este país, que ha aprendido a desestimar y maquillar las políticas abrasivas del capitalismo salvaje, al que esta administración y previas han estado entregadas –porque esa es la mentalidad priista fundacional–, y que cada vez nos desproveen de mayores derechos laborales. Ahora mismo, yo laboro para la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, que nos ha negado contratos y congelado salarios desde diciembre de 2018 y a la fecha, con un trato indigno en el que también nos ha dejado en claro que la política de contratación no cambiará, que no validarán antigüedades ni prestaciones ni seguridad médica, ni nada de lo que uno pensaría el gobierno proveería en primer lugar a sus trabajadores. Y ante estas exigencias de derecho laboral básicas, el resto de redes de creadores, de colegas, de medios de difusión han hecho oídos sordos. Considero que uno de los objetivos de encuentros como estos, antipatriarcado, y lo recalco porque debemos de comenzar a hablar de LA LEY DEL PADRE, la ley del sistema económico que padecemos, es lo que estamos combatiendo. Y si no lo es, es lo que deberíamos estar combatiendo, pues es esta ley patriarcal la que nos ha relegado y ha sentado las bases de este entorno de violencia social y económica. Para mí, la llamada resilencia, que también nos hace creer que resistir hasta la ignominia es una cualidad, nos ha hecho mucho daño, porque lo que debemos comenzar a cambiar es una serie de discursos en los que hemos perdido objetivos de lucha: de construcción de ciudadanías en pro de conquistar y legalizar derechos. Y para ello, para ser ciudadanas y generar ciudadanías debemos, de nuevo aludiendo al dicho con el que comencé mi participación, abrir la boca y hacer públicas nuestras ideas, necesidades, reclamos y reconocimientos, y comenzar a empujar debates que encaminen políticas públicas dentro de congresos, de la mano auditora de los ciudadanos. Así que celebro que este encuentro se esté llevando acabo; celebro también otros que han existido en el pasado, como el de Escritoras autónomas, que gestionó la poeta Camila Krauss, en Xalapa, Veracruz, hace algunos años y que Gabriela Damián debe recordar, así como pequeñas comunidades que otras escritoras han intentado accionar en últimas fechas, como es el caso de Rosario Loperena, así como la Poesía por primavera que hace unos años también Antonio Calera impulsó con dos días enteros para las poetas que habitan/habitaban la ciudad en ese momento.

Como trabajadora, para continuar con la línea de participación, en estos momentos me parecería esencial conocer un despacho de abogadas laborales, así como direcciones de políticas públicas dentro de Secretarías de Trabajo, que den seguimiento a todos los atropellos que como mujeres vivimos salarialmente, entre otros, pero pongo en el centro el salario porque a partir de él consolidamos nuestras autonomías.

En cuestión de decisiones de escritura que he aprendido a tomar a partir de mi desarrollo profesional interdisciplinario, puedo hablar de nuevo de la colectivización, desde el estudio de la videopoesía, desde la gestación de videopoemas, libros trabajados en equipo, festivales y ediciones de ciclos de poesía e improvisación musical que desde hace años intento seguir activando cada que puedo para conocer a más creadores y, quizá, formar amistades en torno a nuevas dinámicas de trabajo justo. Es un sueño, pero quiero seguir luchando por ello.

Casa Universitaria del Libro, 16 de octubre de 2019

Zazil Alaíde Collins